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27-09-2017 | 10:43
 
Cuando Juan conoció a Eva
 
Se han cumplido 73 años del comienzo de una historia de amor que marcó a fuego la política argentina del siglo XX: el encuentro entre Juan Domingo Perón y María Eva Duarte. (Extraído de El Ciudadano web)
 

 

El sitio web "El ciudadano" describe esto de la siguiente manera en un artículo escrito por Rubén Alejandro Fraga

Corría enero de 1944 y el país estaba conmovido por el terremoto que el 15 de ese mes había destruido la ciudad de San Juan, dejando un saldo de más de 7.000 muertos y la virtual desaparición de la edificación en la capital cuyana. De inmediato, el gobierno de facto encabezado por el general Pedro Pablo Ramírez organizó el socorro a los damnificados. El entonces coronel Perón tomó a su cargo la campaña solidaria y en pocas semanas logró recaudar más de 12 millones de pesos.

El gobierno militar, surgido del golpe de Estado que el 4 de junio de 1943 derrocó al conservador Ramón Antonio Castillo, prometió que la histórica ciudad sería reconstruida.
En ese marco, aquel sábado 22 de enero de 1944 se realizó un gran festival organizado por la colonia artística en el porteño estadio Luna Park, en Corrientes y Bouchard, con el fin de recaudar fondos para las víctimas del sismo.

Fundado por Ismael Pace y José Lectoure en 1931, el Luna Park fue testigo de numerosos acontecimientos en el siglo XX. Escenario de grandes combates de boxeo y también de bailes, festivales y hechos luctuosos, allí se velaron en 1935 los restos de Carlos Gardel y sonaron entonces los compases del tango “Silencio” en la versión de la orquesta del maestro Francisco Canaro. Siete años después, la noche del 22 de enero de 1944, la orquesta de Canaro volvió a sonar junto a las voces de Libertad Lamarque, Hugo del Carril y la típica de Juan D’Arienzo, en el festival a beneficio de las víctimas del terremoto en San Juan. Y bajo esos compases se conocieron Evita y Perón.

El coronel, de 48 años, estaba al frente de la Secretaría de Trabajo de la Nación, que él organizó para gestar y poner en práctica la legislación laboral en favor de la producción y los derechos obreros. En 1938 había muerto su primera esposa, Aurelia Eugenia Tizón.

Eva Duarte, nacida el 7 de mayo de 1919 cerca del pueblo de Los Toldos, era hija natural de Juan Duarte y Juana Ibarguren y había sido anotada originalmente en el Registro Civil como Eva María Ibarguren (antes de casarse con Perón, Eva modificó su apellido por Duarte e invirtió el orden de sus dos nombres). En aquel enero del 44, tenía 24 años y era una novel actriz de radioteatro que se había movilizado con otros compañeros para ir al festival.
El periodista Rodolfo Ghezzi cuenta que hay dos hipótesis sobre quién los presentó.

Una sostiene que los habría presentado el coronel Domingo Mercante, amigo del futuro presidente argentino y en ese entonces adjunto a la Secretaría de Trabajo. El hijo de Mercante solía afirmar: “Yo escuché mil veces que Evita le decía a mi padre: «¿Se acuerda, Mercante, cuando usted en el Luna Park me llevó de la mano para hacerme sentar al lado de Perón? ¡Ay, el miedo que tenía! Y usted, mire que estuvo inspirado, ¿eh?»”.

La otra versión (y la más difundida) señala que quien los presentó no fue otro que el inefable Roberto Galán. El carismático locutor y conductor de míticos ciclos televisivos como Si lo sabe cante y Yo me quiero casar… ¿Y usted?, era por entonces un joven audaz que ya daba sus primeros pasos en la profesión y fue el presentador en el festival del Luna Park.

Según cita Alicia Dujovne Ortiz en su libro Eva Perón, la biografía, Galán le contó que fue él quien realizó el “enganche” entre Perón y Evita y que en un momento determinado del festival, la joven se le acercó y le dijo: “Galancito, por favor, anunciame que quiero declamar una poesía”. Cuenta luego el animador que en un momento dado llamó a Evita y a otras tres actrices y les dijo: “Los coroneles se han quedado solos. Se los voy a presentar diciéndoles que ustedes forman parte del Comité Femenino de Recepción”. Fue ahí cuando Eva se sentó junto a Perón iniciando una relación que duraría hasta el fin de su vida. Y que la llevó a escribir en su libro La Razón de mi vida: “Aquel fue mi día más maravilloso”.

Años después, en 1955, tras la muerte de Evita y con Perón derrocado y exiliado, Galán también le presentó a él en Panamá a quien sería su tercera esposa, María Estela Martínez.

La relación sentimental entre el coronel Perón y Eva Duarte tomó estado público rápidamente y, sobre todo, llegó a oídos de sus camaradas del Ejército, que, en general, no vieron con buenos ojos ese romance. Cuando Evita conoció a Perón éste vivía con una chica a la que llamaban la Piraña. Cuentan que la temperamental Evita se encargó de sacarla literalmente a las patadas de la casa de Perón.

Luego vinieron el encarcelamiento de Perón en la isla Martín García, la gran movilización popular del 17 de octubre de 1945, su posterior liberación y su llegada a la presidencia mediante el voto popular, el 24 de febrero de 1946, cuando triunfó la fórmula Perón-Quijano.

Eva compartió su vida con él desde aquel festival de beneficencia y pasó a ser una figura clave de su proyecto político. Se casaron por civil en la ciudad bonaerense de Junín, el 22 de octubre de 1945, y el 10 de diciembre de ese año, hicieron bendecir su enlace en una iglesia de La Plata. Como primera dama, Evita se transformó en la “abanderada de los humildes”. Promovió el reconocimiento de los derechos de los trabajadores y de la mujer (entre ellos el sufragio femenino) y realizó una amplia obra social desde su fundación.
Y, por sobre todas las cosas, supo ganarse el amor y la devoción de las grandes mayorías populares hasta su prematura muerte, víctima de cáncer, el 26 de julio de 1952.

En 1956, ya exiliado Perón, circularon textos cortos de su autoría que luego integrarían la obra Del poder al exilio. Cómo y quiénes me derrocaron. Algunos capítulos se editaron con el título Cómo conocí a Evita y me enamoré de ella. Allí, Perón cuenta: “Eva entró en mi vida como el destino. Fue un trágico terremoto que sacudió la provincia de San Juan, en la cordillera, y destruyó casi enteramente la ciudad, el que me hizo encontrar mi mujer. En aquella época yo era ministro de Trabajo y Asistencia Social. La tragedia de San Juan era una calamidad nacional. Para socorrer a la población movilicé al país entero; llamé a hombres y mujeres a fin de que todos tendiesen la mano a aquella pobre gente de aquella provincia remota. Entre los tantos que en aquellos días pasaron por mi despacho, había una joven dama de aspecto frágil, pero de voz resuelta, con los cabellos rubios y largos cayéndoles a la espalda, los ojos encendidos como por la fiebre. Dijo llamarse Eva Duarte, ser una actriz de teatro y de la radio y querer concurrir, a toda costa, a la obra de socorro para la infeliz población de San Juan”.

“Hablaba de manera vivaz, tenía ideas claras y precisas e insistía en que se le confiara un cargo. Yo la miraba y sentía que sus palabras me conquistaban; estaba casi subyugado por el calor de su voz y de su mirada. Eva estaba pálida pero mientras hablaba su rostro se encendía. Tenía las manos escuálidas y los dedos ahuesados; era un manojo de nervios. Discutimos largo rato. Era la época en que en mí se abría camino la idea de dar vida a un movimiento político que transformase radicalmente la vida de la Argentina”, prosigue.

“Vi en Eva una mujer excepcional, una auténtica «pasionaria» animada de una voluntad y de una fe que se podía parangonar con la de los primeros creyentes. Eva debía hacer algo más que ayudar a la gente de San Juan; debía trabajar por los desheredados argentinos. Decidí, por lo tanto, que Eva Duarte se quedase en el ministerio mío y abandonase sus actividades teatrales”, recuerda Perón. Había nacido una relación que tan sólo la muerte pudo interrumpir y que marcó un antes y un después en la historia argentina

 
 
 



 

 

 

 

 

 

 

  
 
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