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JUNIN. Bs. As. Argentina - Viernes, 24 Noviembre 2017 21:20 hs.
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02-04-2017 | 19:10
  35 AOS DE MALVINAS
Relatos de Malvinas: Carlos Lujn - Aldo Omar Rodrguez
 
 
Carlos Luján: “Solamente nosotros
sabíamos del horror de una guerra”
 
El ex combatiente participó del conflicto del Atlántico Sur como mecánico de la Aviación Naval. Estuvo en suelo malvinense y relató hazañas de pilotos argentinos.  
 
Carlos Luján junto a un compañero en Malvinas
Carlos Alberto Luján, oriundo de Huinca Renancó (Córdoba) y a los seis años se radicó en nuestra ciudad cuando su padre, ferroviario, Carlos Valentín fue trasladado aquí junto a su madre Emma Ilda Guzmán y su hermana Mónica Sandra.

A los 17 años ingresó a la Armada Argentina como aspirante naval, eligiendo su carrera en Aviación Naval, siendo trasladado en 1978 a la Base Aeronaval Punta Indio, en la provincia de Buenos Aires, destinado a  la Primera Escuadrilla Aeronaval de Ataque, que se componía de aviones de entrenamiento biplaza Aermacchi MB 326 GB, especializándose como mecánico.

El 2 de abril de 1982, desde Punta Indio, fue destacado a Río Grande donde arribaron el 10 de ese mes. En ese momento Carlos tenía 21 años y era Cabo Segundo Mecánico Aeronáutico. El 24 de abril su unidad recibió la orden de trasladarse a las islas Malvinas con siete aviones Aermacchi MB 339, “la mayoría de los mecánicos fuimos a Malvinas en un Fokker F-28 de la Armada Argentina trasladando todos los repuestos y material bélico para  los aviones además de nuestro armamento personal”, rememora.
 
En el frente de combate
 
Carlos rememora una fecha específica: el 1 de mayo. “Lo recuerdo –relata- porque fue el primer ataque de los ingleses a las islas y especialmente al aeropuerto. Serían las 4.30 de la mañana y nos dan el alerta roja, estábamos en cabecera de pista cuando divisamos a los Sea Harrier en vuelo rasante ametrallando y bombardeando instalaciones del aeropuerto, torre de control, un hangar donde nosotros teníamos repuestos de los Aermacchi y la pista de aterrizaje”.

“Durante el conflicto, hemos visto aterrizar a los Hércules utilizando el margen sano de la pista trayendo medicamentos, alimentos, etc. Estos pilotos volaban desde el continente a las islas eludiendo a la flota británica, en vuelo rasante para no ser detectados por los radares. Con los motores en marcha y blancos por el salitre del mar, se le descargaba todo el cargamento y volvían  a ras del mar hacia el continente sin ninguna comunicación para no ser escuchado por los ingleses”, recordó.

Luján también rememora hazañas de pilotos argentinos:

“Después del 1 de mayo, todos los días había alerta roja y en varias oportunidades despegaron nuestros aviones para atacar a la flota enemiga, el 3 de mayo a bordo del Aermacchi matrícula 4-A-113, perdimos al Teniente Benítez cuando al aterrizar chocó contra unos acantilados”.

“El 21 de mayo el teniente Crippa, con el Aermacchi 4-A-115, ataca al HMS Argonaut cuando éste hacia operaciones de desembarco en el Estrecho de San Carlos, ametrallándolo con cañones de 30 mm. y cohetes de 105 mm.”

“Días más tarde, el 28 de mayo, despega el Teniente Miguel con el Aermacchi 4-A-114, en una misión de vuelo contra los ingleses en Goose Green y Puerto Darwin donde lamentablemente fue derribado”.
 
La vuelta a casa
Malvinas , foto tomada por Carlos Luján (1982)
 
Tras el cese del fuego, y hablando sobre cómo fue el regreso comentó: “ Ya en Capital Federal, no podía creer lo que estaba viendo, porque después de todo lo que nosotros habíamos pasado, en Buenos Aires todo estaba muy distendido y todo transcurría normalmente. Aquí la vida seguía como si nada hubiese pasado, solamente nosotros sabíamos del horror de una guerra. Estuve como seis horas en Retiro esperando que saliera el tren  para Junín, ese viaje fue interminable y llegué pasada la medianoche, me bajé del tren y me fui caminando hacia mi casa, cerca de la cancha de Villa Belgrano.
Cuando tomé calle Jean Jaures, sentí que en el Club Rivadavia había baile, o una fiesta, se escuchaba mucha música y se veía muchos autos  a los alrededores, siempre me acuerdo de eso, porque venía de pasar tantas cosas feas de una guerra y me encontré con otra realidad”.

“Después –agregó- tomé conciencia  de que la vida acá seguía normalmente, como siempre, nadie estaba en situación de guerra, era otra historia. Mis padres me esperaban, yo había llamado a mi madre desde Río Grande para decirle que estaba volviendo, pero ella no sabía cuándo. Ese llamado fue a través de una vecina porque  mis padres no tenían teléfono. El encuentro con mi mamá, papá y hermana fue  de abrazos y llantos y alguna que otra anécdota, nunca pude decirles lo que realmente viví en nuestras Islas Malvinas”.
Luján se retiró de la Armada en 1985, radicándose luego en nuestra ciudad. Sobre la posguerra señala: “Para nosotros,  los veteranos de guerra vino lo peor, la discriminación, la marginalidad y el olvido. De Malvinas no se hablaba. Entré como operario en una empresa química de nuestra ciudad, y tenía como compañero a David Imízcoz, después de compartir horas y horas de trabajo durante cinco años, salió la conversación sobre Malvinas y nos dimos a conocer como veteranos de guerra porque los dos habíamos participado del conflicto, pero en esa época no se hablaba, porque estábamos escondidos y sin identificarnos como tal”.

“Gracias a Dios todo ha cambiado, casi todos los veteranos de guerra de Junín  han conseguido un trabajo digno, formamos el Centro de Veteranos de Guerra “Islas Malvinas” donde hacemos diferentes actividades, entre ellas es la de llevar la historia de Malvinas mediante nuestros relatos a todos los establecimientos escolares que nos requieran y a toda la ciudadanía. Hoy me encuentro casado con Liliana Mabel Meza, mi compañera inseparable y mi contenedora desde hace dieciséis años”, concluyó su relato.


Aldo Omar Rodríguez: el marino que
pudo haber estado en el Belgrano

El ex combatiente, por esas cosas del destino, fue embarcado en el Irizar, utilizado como buque hospital durante el conflicto, a pesar de que fue requerido desde el buque hundido por un submarino inglés.


Aldo Omar Rodríguez, quien durante el conflicto era suboficial de las fuerzas armadas y tripulante del rompehielos “Almirante Irizar”, tras haber pasado también por el crucero “General Belgrano”.

“A comienzos de 1982 –recuerda- se cruzaron los pases: a mi me habían solicitado del Belgrano, por tener conocimiento; pero me mandaron al Irizar, donde quedé en esa unidad; por lo cual, podría haber formado parte de la tripulación del crucero. Lamentablemente, gran parte de la promoción de maquinistas, como electricistas murieron debido a los torpedos que recibieron, ya que estaban por debajo de la línea de flotación”.

El conflicto

Rodríguez, en 1982, ya era papá de dos hijos –rememora-: “Nicolás de 3 años y a Carlos Alberto de 2; Noelia no existía todavía. Me presento en el Rompehielos Irizar y para uno era el mejor; porque contaba con campañas antárticas, y pensaba en la diferencia de dinero que podía hacer. Yo estaba construyendo mi casa acá en Junín”.

Recuerda también que lo primero que se hizo al llegar a Puerto Argentino fue tomar la radio, pasó a ser Radio Argentina y se pasó “La Cumparsita”.

Sobre su misión señala que “íbamos de la isla a Ushuaia o a Comodoro Rivadavia o a Puerto Madryn. Siempre estuvimos dentro del conflicto y fuimos los últimos en volver, trayendo tropas argentinas una vez que se rindieron. Yo regresé a mi casa, los primeros días de julio”.

Testimonios de la guerra

“Durante el conflicto –expresó- el Irizar funcionó como buque hospital. Yo era maquinista y el buque estaba preparado para operar en el hielo, pero nunca pensamos que se convertiría en hospital. Funcionaban tres quirófanos. Al Irizar nunca le pasó nada”.

“Una vez –agrega- navegábamos para la isla llevando pertrechos de guerra, y nos informan que recibiríamos la visita de la Cruz Roja Internacional. Llegaron en helicóptero, pero junto con ellos había infantes ingleses, tipos grandotes de boina roja. Era una inspección al buque para ver que era lo que llevábamos. No me explico cómo, el buque llegó sin problemas a las islas”.

El ex marino reconoció que “siempre estuvimos en situación de riesgo, obviamente, pero nunca sufrimos un gran ataque. Un día, que yo estaba de guardia me enteré de lo del Belgrano y todo cambió. Pensar que yo podría haber estado ahí porque era mi destino. Cuando impactaron los torpedos en el crucero eran las cuatro de la tarde, horario de cambio de guardia. Por ejemplo, si en las máquinas hay diez personas, a las cuatro hay veinte porque es el relevo. Sólo se podían salvar los que conocían muy bien las salidas del buque porque con el ataque quedó a oscuras”.

Un hecho relatado por Rodríguez lo marcó y le hizo reconocer el horror de la guerra: “hace diez años, como soy Testigo de Jehová, estaba predicando por Junín y fui a un negocio. La señora que atendía me dijo: “Aldo ¡vos sos Aldo! ¡Estás vivo!”. El hijo había estado en Malvinas y pensó que yo había muerto”.

Los días de conflicto

“Los días –señala- eran hacer guardia, preocuparse por la familia; y saber que ellos también estaban preocupados. Los comandos nos dejaban hablar por la noche a través de radio; sin dar la ubicación porque siempre estábamos en la cercanía de las islas.

-Hola Susana ¿cómo estás? Cambio.

-Bien, ¿dónde estás? Cambio.

Y no le podía decir. La llamaba al teléfono de la madre, y le decía que se quedara tranquila, que no nos iba a pasar nada; que estábamos seguros”.

Tras la rendición recuerda que “en las últimas navegaciones a las islas, de una tripulación de 120 personas, el buque llevaba cerca de 600 ya que se sumaron prisioneros, heridos y locos. Nunca voy a olvidarme de un soldado que estaba en un rincón del buque, con la cabeza gacha, demacrado. Rígido. Es una imagen que no pude sacar de mi cabeza”.
“Cuando fui a la guerra, por mi formación militar sabía a lo que me enfrentaba y, en ese momento no tomé conciencia de la edad que tenían los conscriptos que iban, eran chicos. Ellos no estaban preparados; se notaba hasta en la diferencia de ropaje: los ingleses tenían trajes térmicos y pasadas determinadas horas de lucha eran reemplazados por otro grupo. Con los argentinos no fue así; ni siquiera pudieron bañarse. En el buque quedó olor por mucho tiempo…Una vez, tuvimos que bajar la temperatura del agua caliente para no producir un shock en los soldados, ya que no recibían agua con temperatura más o menos alta desde hacía mucho tiempo. El frío que sentí en las Malvinas no lo sentí en la Antártida”, relató.

“Volví con mucha bronca por lo que se había vivido. Esa fue una de las cosas que me enfriaron como militar”, sostuvo el ex combatiente quien añade: “Me quedé en La Armada porque ya estaba en el Irizar y como comenté antes, me había empezado a hacer la casa; sino me hubiera ido. Por otro lado, mi contrato se vencía y firmé otro por cuatro años. Era necesario para poder ir a la Antártida. En 1984, aunque me quedaban dos años por delante, gracias a una resolución de Alfonsín, por la cual el que quería irse podía hacerlo, pedí la baja. En Buenos Aires vivía en un lugar con gas natural y calefacción y nos vinimos a Junín con la casa a medio terminar. Así conoció mi mujer las heladas y vio florecer los durazneros, hasta que se acostumbró”.

El regreso

Finalizada la guerra y al recordar los primeros tiempos después del ´82, Rodríguez sostiene: “No se hablaba de la guerra, sentía como que a la gente no le interesaba el tema. Y tampoco se usaba decir “soy veterano de guerra”, eso vino mucho después. Los soldados desembarcaron del buque de noche y en soledad, sin una fanfarria, sin recibimiento. La gente, los que fueron a La Plaza, no tenían conciencia de la guerra: no les cayó una bomba… Es más, recuerdo que estando en el buque, por satélite vimos un partido de Argentina, del Mundial 82 que se jugaba en España: Se estaba en guerra, se gritaba en Plaza de Mayo y había un mundial”.

“Creo que la guerra no sirve para nada. Perdí muchas cosas cuando dejé la carrera militar como un buen sueldo y la obra social para mi familia, pero si hoy tuviera que volver a vivir todo, incluida la guerra, no lo haría; no podría volver a pasar por eso. La guerra no es la forma de resolver el conflicto Muchos dicen que volverían, a mi nunca me picó un proyectil al lado, ni una bomba, pienso que los que sí estuvieron ahí no quieren vivirlo nuevamente. Recién hoy me siento un poco más tranquilo”, concluyó en su relato.

El buque “Almirante Irizar” durante el conflicto de Malvinas, donde fue utilizado como buque hospital.









 

 

 



  
 
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