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02-04-2017 | 19:09
  35 AOS DE MALVINAS
Relatos de Malvinas: Adalberto Cepeda - Pedro Jorge Acosta
 
 


El dramático relato de Adalberto
Cepeda, sobreviviente del “Belgrano”

El ataque, la cruda lucha por sobrevivir en un clima completamente hostil y la vuelta, en la memoria del ex combatiente juninense quien hace tres décadas atrás también era entrevistado por LA VERDAD.

Adalberto Cepeda junto a su familia en mayo de 1982, a pocos días de su regreso a nuestra ciudad desde la base de Puerto Belgrano, publicado por LA VERDAD.


Adalberto Osvaldo Cepeda, fue enrolado por el Servicio Militar Obligatorio al cumplir 18 años siendo destinado a la Base Naval Puerto Belgrano, Bahía Blanca y posteriormente fue embarcado en el crucero “General Belgrano”.

De su período de instrucción rescata que “son dos meses donde se aprende a valorar muchas cosas, entre ellas la amistad. Había gente que por ahí tenía una vida menos golpeada y otras que no, que quizás tuvieron que trabajar desde chicos pero ahí todos éramos iguales, ahí van todos por el mismo camino”.

“Durante los dos meses de instrucción –rememora- hice muchos amigos, grandes amistades, pero no he seguido con ellas solo con algunos que veo en el centro de ex combatientes. Cuando volví de allá yo me encerré mucho, fue muy difícil no conseguía trabajo, me encerré”.

El ataque

Tras la instrucción comenzó a cumplir funciones de mantenimiento en el crucero. Precisamente sobre el ataque al buque de guerra recuerda: “había guardias cada tres horas y el barco tenia custodia por el tema este de que nos venían siguiendo. Así y todo nos torpedearon, un submarino nuclear. Nos atacaron con dos torpedos uno en popa y otro en proa algo así como al medio. Eran las cuatro y media y para las cinco ya estaba hundido el barco”.

“La popa –relata- la cortó de arriba a abajo y se perdió esa parte y el otro torpedo dio en el centro de la sala de maquinas, los cuartos donde se dormía. Yo en ese momento estaba de guardia en la cámara de proyectiles y hacía quince minutos que había tomado la guardia sino hubiera estado en los dormitorios”.

“Cuando explotaron los torpedos –señala-, el barco se dio vuelta, se escoró. A mi me agarro en el puesto de guardia donde estaba, se corto la luz, fue un caos caían los proyectiles del propio barco que pesaban como sesenta kilos a pesar de que estaban atados con cadenas y se nos caían encima. A un compañero le cayó un proyectil de punta en el pie le abrió los dedos, no lo podíamos sacar y a lo oscuro no lo podíamos sacar, la desesperación…. No estábamos acostumbrados a que pasara una cosa así. El impacto fue terrible”.

Y sigue contando sobre esos duros momentos: “Al darse vuelta el barco no había piso, no había pared, no había nada te encontrabas con cosas que se te caían encima. Esto duro media hora. Cuando salí había mucha gente quemada, algunos colgados de los cables para no caerse al agua todo desesperación, pánico porque nadie sabía que pasaba, ni como había sucedido todo. Los único que sabían eran los comandante que creyó que había posibilidades de salvar el barco hasta que dio la orden de evacuar. Ahí nos tuvimos que salvar…. Como podíamos”.

Sobrevivencia dramática

Tras superar estos dramáticos momentos y una vez en la balsa, en el frío océano, recuerda Cepeda: “La desesperación era terrible. Me quedan muchas imágenes feas. Yo estuve cuarenta y ocho horas en la balsa, dos días, llenos de agua, sin comer nada, frío. Continuamente se llenaba de agua que teníamos que sacar con la mano, las olas eran muy altas. Fuimos a la deriva. Éramos cinco personas no los conocía, los había visto alguna vez, me acuerdo que uno de los muchachos tenia quebrado un brazo”.

Sobre su rescate relata: “Nos encontró un avión. Nosotros lo vimos y era algo desesperante porque parecía que no nos había descubierto. Empezamos a gritar, hacer señas pero pensábamos por la altura del avión que no nos había visto, pero nos vio y dio vuelta. Después se comento que era la última recorrida que hacia el piloto porque no tenía gasolina para seguir recorriendo, tenía la orden de volver pero el piloto decidió dar una vuelta más para ver si había algún sobreviviente. Dio vuelta el avión pasó sobre nosotros volando bajito moviendo las alas de un lado hacia otro ahí pudimos respirar, que nos habíamos encontrados. Pensamos cualquier cosa esos dos días. A mí me sacaron mal de ahí adentro con siete u ocho kilos, negro del frío, quemado por el agua helada… Muchos murieron de frío”.

Finalmente fueron rescatados por el buque hospital “Bahía Paraíso”. Tras ser asistidos en Ushuaia, retornaron vía aérea a Puerto Belgrano. Pero la cruda realidad de la guerra no terminaba con ese ansiado deseo de vuelta a la casa. “Fue terrible. De acá de Junín éramos cuatro o cinco y volvimos dos. Con uno de los que no volvió hice la escuela, estábamos juntos siempre encontrarme con los padres fue terrible. Que les podía decir, yo había vuelto. Me encontraba con los padres de los demás, fue terrible. A mis padres les habían dicho que yo estaba muerto, ellos no lo creyeron, llegue un día a la tardecita, cuando me vieron no podían creer y yo tampoco”.

“Quince días de licencia y nuevamente a seguir con el servicio militar, me destinaron a la Escuela de Mecánica de la Armada pero ya no era lo mismo iba como sonámbulo, me subía al colectivo me bajaba e iba detrás de los otros marineros, iba porque tenía que cumplir. No fue nunca más lo mismo. Después vinieron para dormir pesadillas, tenía que trabajar todo el día para cansarme y no recordar lo que había pasado”, concluye su relato Adalberto Cepeda quien precisamente, en mayo de 1982 también brindó su testimonio a LA VERDAD, apenas llegado desde Puerto Belgrano a nuestra ciudad.

Otro sobreviviente de la guerra relata cómo
fue hundido el crucero “General Belgrano”
 
Pedro Jorge Acosta estaba embarcado en el crucero cumpliendo el servicio militar obligatorio. Qué pasaba en las horas previas y el duro trance soportado antes del rescate. La vuelta a la Patria.  
 
 Pedro Jorge Acosta, pergaminense de origen y juninense por adopción, cumplió el servicio militar obligatorio en la base naval Puerto Belgrano, teniendo como destino el crucero “General Belgrano” donde cumplió la función de bombero y control de averías, sobreviviente del hundido barco cuando tenía 18 años.

Junto a él sirvieron en el “Belgrano” otros dos tres pergaminenses: Parra, Fontana y Silva, este último fallecido.

Y rememora: “Yo era gaviota, marinero de mar. Le llaman así  al que es navegante, al que está embarcado, a mi me costó cincuenta días adaptarme el encierro, dormir en una cama colgante, los movimientos del barco, ya que como lo mencione antes fue mi primer experiencia que duro doce meses, de los cuales rescato muy buenos compañeros”.

Durante el conflicto, luego de zarpar de puerto rumbo a Malvinas contó Pedro que “se empieza a cambiar la rutina ya uno está más atento ya que sentís que en algún momento vas a entrar en acción, ya no hay tantas risas en el pasillo es todo bastante más serio y buscábamos información de cómo íbamos. No nos daban información y cada vez que teníamos algo, los resultados eran positivos nosotros éramos los ganadores. Navegamos del 16 de abril al 2 de mayo donde fuimos alcanzados por el torpedo del submarino “Conqueror” perteneciente a la flota inglesa”.
 
Momentos previos al ataque
 
“La noche anterior al ataque –contó Pedro-, no sé si el capitán tuvo la sensación de que nos iban a bajar, pero esa noche, durante un zafarrancho de combate nos hicieron subir a cubierta con un bolsito, el que usábamos para salir de franco y nos hicieron poner frutas, pertenencias y documentación, nada cortante y que cada cual ocupe su puesto de combate. Estuvimos en cubierta desde las doce del primero hasta las dos de la mañana y al día siguiente, a las cuatro de la tarde nos bajaron. Ese rato durante el zafarrancho fue un poco raro, nunca había sucedido así una sensación distinta. Habíamos estado navegando cerca de la isla de los Estados, al tercer día movimos y nos atacaron”.

“Atacan al crucero –explicó- porque era el que tenia gran cantidad de bocas de fuego, era un barco que “caminaba” muy bien con el ataque aéreo, el crucero estuvo en Pearl Harbor…lo usaban precisamente por eso… Tenía un ataque de  20 kilómetros de distancia. De ahí que fue un blanco para la flota enemiga”.
 
La agresión
“Cuando nos hundieron –narró- yo cumplía funciones de bombero, después del ataque no tuvimos más de treinta minutos para rescatar gente. Venía durmiendo, me sacó de la cama limpito, es como si hubiera sacado al barco del agua y hubiese caído nuevamente, quedo escorado. Me desperté en el piso salimos para arriba el barco estaba inclinado para uno de los lados. Los que teníamos funciones de bombero tratamos de sacar la mayor cantidad de heridos que pudimos, había muchos quemados, la zona de máquinas fue la más afectada. La mayoría de la tripulación estaba en pánico total”.

Señaló que “el rescate se dificultó ya que a las cuatro de la tarde en el mar ya es casi de noche y había una gran tormenta con olas altísimas que hizo muy complicado que nos pudiéramos alejar con las balsas del barco. Yo estuve media hora trabajando, rescatando compañeros y después me subí a mi balsa, para esto nos habían preparado en los simulacros de emergencia cada uno tenía ubicado su balsa, de cualquier manera la desesperación existía y muchos cayeron al agua por pánico. Cada balsa está preparada para llevar veinte personas. Teníamos un coordinador en la balsa pero nada hacía más fáciles las cosas hubo pánico”.

“Cuando salté a la balsa atrás mío –siguió contando- salta un muchacho y cae al agua, me doy vuelta para agarrar el remo y lo levanto era como agarrar una barra de hielo. Y lo subí, siempre estuve en contacto él, estuvo muy agradecido por esto. Su nombre era Claudio Bossana lo internaron y murió muy joven: Claudio era de Rafaela”.

“El capitán de la balsa nos dijo que tratemos de estar tranquilos que íbamos a ser famosos y que todo lo que habíamos visto había que guardarlo en el corazón y no había que divulgar. Fuimos uno de los últimos en ser rescatados aproximadamente cuarenta horas después del hundimiento un avión de reconocimiento nos diviso y nos rescato el Destructor ARA Piedra Buena, que durante el conflicto escolto al crucero conjuntamente con el ARA Bouchard”, rememoró.

“Nosotros nos quedamos con la sensación de no haber podido combatir. Nos quedamos en el intento de hacer lo que nos habíamos propuesto, nos cortaron las manos antes de poder usarlas”, expresó.

Tras su rescate volvió a Pergamino donde “la ciudad nos recibió, fue duro, mucha gente se acercó a mi casa a darnos las gracias por haber defendido nuestras Malvinas. Recibí a muchos padres y madres destrozados porque sus hijos no habían llegado también viaje a San Nicolás. Fueron momentos muy tristes y difíciles”.

Pedro Acosta también hizo mención a un detalle: “Aún en Puerto Belgrano el capitán del crucero Héctor Elías Bonzon se despidió formalmente agradeciéndonos por todo el tiempo que habíamos pasado con él y nos deseo suerte en el nuevo destino, destacando el empeño puesto en cada una de las acciones”.
 
30 años después
 
En su reinserción tras la guerra, Acosta comenzó a trabajar en la ex ENTEL donde fue convocado por su condición de ex combatiente a pesar de lo cual sostiene: “Creo que aún hay mucho por hacer la sociedad todavía no nos reconoció. Venimos de un país de inmigrantes con lo cual es muy difícil que exista identidad nacional”.

Actualmente, Pedro vive en Junín junto a su familia. Sobre su esposa, dice: “Ha sido muy buena compañera para mí y para mis hijos. Ella me escucha, me guía. Es una buena compañera y la admiro porque nosotros estamos abocados a muchas cosas y ella siempre ha sido la que me sostuvo, soy muy fiel a esto Creo ser un papá protector mis hijos María Vanesa, Cintia Daniela, Jorge Sebastián, Lucía Belén, Agustina Soledad, Catalina y Josefina”.

“Hoy –reflexiona- ya a treinta años  los recuerdos siguen apareciendo como imágenes, sensaciones encontradas, por un lado cierta sensación de venganza por el daño, por lo injusto. Una y otra vez tengo la sensación de tristeza por haber vuelto, tener que terminar el servicio y que nadie venga después a preguntar si necesitábamos algo, es una mezcla de sensación de abandono e impotencia. Hay muchos compañeros que aunque hayan vuelto quedaron allí, que están muy mal, que aun hoy están muy mal”.

Y añade: “Mi familia me contiene mucho pero sigo y seguiré siempre pendiente una sola cosa, Malvinas. En la lucha por la memoria y el reconocimiento, por dejarle a mis hijos la tierra por la que peleamos un país que sea verdaderamente Argentino que nuestras islas sean nuestras que formen parte de nuestra tierra y a esa mancha de sangre  que quedará por toda la vida que son nuestros soldados que no regresaron, nuestros héroes honrarlos por siempre. Viva la patria, viva las Islas Malvinas”.
 
 El “General Belgrano” , tocado de muerte en las aguas del Atlántico Sur.


 






 
  
 
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