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JUNIN. Bs. As. Argentina - Domingo, 20 Agosto 2017 17:55 hs.
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09-11-2016 | 14:40
 
El G.A. 101 en Malvinas: Soldados de Junín recuerdan el ataque del 12 de junio
 
(NOTA 1).- El dramático testimonio de los efectivos del Grupo de Artillería 101 heridos en combate. Cómo fue la evacuación. El Hospital Militar de Puerto Argentino. La noche del asalto final inglés.
 

(Fuente: "Así Combatimos". La historia de los cañones de Junín en la Guerra de Malvinas, G.A. 10 - 2012, Edit. las Tres Lagunas)

 

El ataque aéreo del 12 de junio a la posición de los Sofma ya fue tratado en un capítulo anterior.  No obstante ello, ahora serán abordados aspectos que tienen que ver con la posguerra, es decir, que interesarán más las heridas de los hombres afectados y sus consecuencias que el ataque aéreo en sí. Recordemos que ese día fueron alcanzados por las esquirlas seis integrantes del GA 101, el cabo primero Liborio y los soldados Julio Báez, Juan Lucero, Aníbal Hernández, Aldo López y Adrián Polo. Todos ellos fueron evacuados al Hospital de Puerto Argentino.

Debido a la comunicación cursada por el teniente primero Daffunchio, rápidamente arribaron los vehículos de evacuación del G.A. 3 para trasladarlos al HMPA. Quien ilustra de este acontecimiento es el propio subteniente Pérez, dando una impresión acerca de los heridos:

"Todos podían mantenerse en pie excepto Lucero, que aparte me gritaba ¡Me muero, mi subteniente, me muero!. Yo le dije que se tranquilice y me puse a rezar un Padrenuestro. El lo hace, llegan las ambulancias de Puerto Argentino y se lo llevan. Era impresionante la cantidad de esquirlas que tenía en la espalda. Creo que Lucero se salvó por su fortaleza física, otro quizás no habría resistido. Luego nos enteramos que se tuvo que someter a diversas operaciones. Ya no lo volvimos a ver durante la guerra".

Recuerda Liborio:

"A Lucero las esquirlas lo perforaron. Fue el herido de mayor gravedad. Las esquirlas y las explosiones hirieron a Polo en las piernas y el hombro, a Hernández en un dedo de la mano, a Darío López en las manos y a Julio Báez en la pierna. En mi caso, una esquirla me cortó el mentón, otra la espalda que me rozó el pulmón y otra en la parte posterior de la pierna derecha, que se alojó entre los nervios y tendones, que me hacía llorar de dolor y que no me dejaba movilizar.

Lucero fue herido por esquirlas en la espalda. Algunas lo atravesaron...Pasaron de largo...Le afectó varios órganos, pulmones, estómago, intestino, fue uno de los peor heridos.


En términos de gravedad, le siguió Polo, que también recibió como 6 o 7 esquirlas en la pierna y el hombro. El venía trayendo munición, porque estábamos en un período de descanso, es decir, no de descanso propiamente dicho, sino en un momento en que no estábamos combatiendo, el cual aprovechábamos para acomodar la pólvora y descargar munición. Justamente ahí es cuando el ataque lo toma por sorpresa.


Después de Polo seguiría yo, con una esquirla en la espalda que me perforó el pulmón, otra en la pierna, otra que me cortó la cara, el mentón. Yo ya había perdido la audición. Y después está Báez que recibió una esquirla en el muslo. Hernández una esquirla en la mano. López, otra esquirla que le hizo un corte en un dedo.

Ya me he referido a nuestro Tom...quedó tirado sobre una roca perforado por una esquirla...después, bueno, ya lo conté...alguien tuvo que sacrificarlo".

Interesante resulta el testimonio del propio soldado Juan Lucero, quien recuerda el momento vivido:

"Cayeron las bombas al lado y escuché los zumbidos de la cubierta y me prendí todo fuego, me tiraron de los pies y me pusieron en la calle, "no te duermas" escuchaba, no sentí dolor, ni perdí el conocimiento. El subteniente Pérez me decía "no te duermas. Está todo bien y los ojos se me cerraron". Media hora y me llevaron al hospital. No recuerdo quien me llevó a Puerto Argentino. No ví más a mis compañeros. Hasta ahí reconocía bien. En el hospital me cortaron la ropa, me pusieron suelo y sangre, después me dormí. Recuerdo que había mucha gente herida. Me desperté tipo dos de la mañana del 13 de junio. Había un hombre que me cuidaba, le pedí agua porque tenía una sed terrible y me mojaron los labios.

Me subieron a un camión y a las tres de la mañana me llevaron. Me dolía todo, pedía que vayan despacio hasta la pista y ahí estaba yo, desnudo, cubierto por una manta ... ¡que me voló el viento!"

Al respecto recuerda el soldado Polo:

"La imagen que tengo de Lucero, hasta que pierdo el conocimiento, es revolcándose a pocos metros mío y que le salía humo por la espalda.

Mucho no se pudo hacer. En el caso mío yo no me podía desplazar, no me podía mover tenía las piernas con esquirlas. Una me había pegado en el hueso a la altura de la rótula de la rodilla izquierda. El hombro y la pierna derecha no estaba tan complicados. Veía a Lucero revolcándose y no me podía mover. No me había dado cuenta que lo habían herido. Fueron muchas detonaciones...el shok de las explosiones, las piedras que vuelan. Vuela todo...la pólvora que te rodea, todos aturdidos por la explosión. Yo pensé que en realidad estaba quebrado; pensé que me habían golpeado las piedras porque no veía sangre. Estaba muy shockeado.

Recuerdo que un compañero, Báez, se acerca a mirar como estaba, que era el que podía moverse. Muchos tenían esquirlas pero se podían mover. Hernández tenía herida la mano. Báez estaba lastimado en la cara pero se podía desplazar, éste se acerca a ver cómo estaba y yo le digo: atendé a Lucero que no está bien. Lo que pasaba era que yo me sentía bien. Después al  rato, me ví las piernas, el pantalón de combate era rojo, ahí me dí cuenta que estaba herido.

Después, yo no sé si por la cantidad de sangre perdida, no puedo decir lo que pasó porque cuando llegó la ambulancia no sé si me aplicaron algo, me habrán puesto alguna inyección, algún calmante, porque no recuerdo nada. Pasaron ya muchos años. No supe más que pasó, si me desmayé o perdí la conciencia. Había muchos elementos que jugaban en contra; estábamos sin dormir y físicamente desgastado. Encima, heridos y con pérdida de sangre. Cuando estoy en la ambulancia me atienden los médicos. Recuerdo que me cortaron con tijeras el pantalón de combate para sacármelo. Hasta ahí me acuerdo yo no sé que pasó después.

Recuerdo que me desperté a la noche, en el hospital militar de Puerto Argentino. Estaba en una litera, en realidad sobre el suelo, en una camilla de combate tapado por una manta. Estaba en ropa interior, arriba de la manta tenía la bolsa de suero, así me desperté, estaba rodeado de heridos".

Habiendo arribado al hospital bajan en camilla a los soldados Lucero y Polo, que eran los que no se podían movilizar por sí mismos. Para entonces ya escaseaban las camillas debido a la cantidad de heridos que llegaban. El resto del personal se movilizó como pudo, algunos saltando, otros caminos y otros asistidos por sus compañeros.

Debido a la pérdida de sangre durante el transporte desde Sapper Hill hasta el HMPA, el soldado Polo pierde el conocimiento y lo recupera recién por la noche sin saber qué estaba pasando. Ahí le informan que está internado y que debido a la magnitud de sus heridas, sería trasladado por vía aérea junto al soldado Lucero y otros más al continente.

El resto de los heridos permanecería en ese hospital. Algunos allí pudieron bañarse. Tal como fuera referido anteriormente, para Liborio sería la primera desde que arribara a las islas. Al quitarse los boceguíes sus pies presentaban un principio de "pie de trinchera".

El mismo Liborio nos relata:

"La atención médica, si bien no fue buena, tampoco fue mala. No había recursos ni recursos para atender los heridos, ni dónde alojarlos. Con el soldado Julio Báez compartimos un colchón de dos plazas tirado en el piso, en una sala con otros heridos, todos en el suelo porque no había camas. Ningún periodista o civil nos visitó. Tampoco lo hizo la Cruz Roja.

Vimos soldados que les faltaba un brazo o una pierna. Algunos venían quemados en el rostro. Yo alcancé a ver un soldado que lo habían degollado, este había sido del Regimiento 7 de Infantería de La Plata".

La noche del 12 al 13 de junio fue tremenda. Literalmente el Hospital Militar no daba abasto, ni médicos ni enfermeros. A esa altura el material de curaciones también escaseaba. Se clasificaba a los heridos, según la prioridad para ser atendidos. Esa noche fue el inicio del asalto inglés al primer cordón de defensa de Puerto Argentino. Quien llegó también herido al HMPA fue el soldado Aldo Darío López quien relata:

"En el hospital era todo un poco descontrolado. Hay que entender la situación. Venían de todos lados. Había que estar en el lugar de médicos y enfermeros. Algunos se veían muy mal heridos.

Como mi herida era muy leve me pusieron al lado de una puerta de ingreso, allí dormía tirado. Ese lugar era como un jardín de invierno. Por allí entraban todos los heridos. Como yo estaba bien, me puse a ayudar con las camillas. No puedo describir las cosas que me tocó ver. Por el estado que algunos entraban, los combates deben haber sido realmente duros".

DIFICULTADES EN EL TRASLADO DE HERIDOS


Cabe mencionar que la evacuación desde el frente ofreció severas dificultades desde el inicio mismo de los combates. Las principales razones fueron:

-Los heridos debían ser transportados a pie desde las elevaciones, por la dificultad de llegada de los vehículos a esos lugares.

-La imposibilidad del uso de vehículos terrestres por la falta de caminos y la detención de los mismos por parte del enemigo.

-La mayor parte de las bajas fueron nocturnas.

-La geografía impuso la instalación de los puestos de socorro lejos del frente y cerca del Hospital Militar de Puerto Argentino.

-El difícil empleo de helicópteros por el escaso número disponible,y la falta de visores nocturnos y la pérdida de superioridad aérea.

Todo ello obligó al transporte de las camillas a pie, desde el lugar que caía herido el combatiente hasta el puesto de socorro de la unidad, a veces durante varios kilómetros.




 









 

 

  
 
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