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29-08-2014 | 18:38
 
Sabina-Serrat en Junín: La brillante ceremonia del reencuentro en la noche juninense
 
Así titulaba y comentaba el diario La Verdad el espectáculo brindado por Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina en la noche del miércoles 14 de marzo de 2012 en el centro internacional de eventos ubicado en el predio de la Sociedad Rural de Junín.
 

La crónica periodística del jueves 15 de marzo de 2012 resaltaba que Joan Manuel Serrat volvió a actuar en Junín, después de casi 42 años. Esta vez, acompañado por Joaquín Sabina, en un reencuentro memorable de los dos con el público local y de nuestra vasta zona. El recital de los “pajarracos”, más que una presentación del disco “La orquesta del Titanic”, editado hace un mes atrás, funcionó como un recorrido por los momentos más recordados de la ya larga relación que ambos tienen con la platea argentina.
Un nuevo momento de estos dos fantásticos españoles para inaugurar el “Dos pájaros contraatacan”, que se enojan cuando les hablan de cariño por la Argentina y replican “que no es cariño, es amor”, tiene mucho de ritual, de reencuentro. Más allá de las consideraciones musicales, lo que predomina en sus presentaciones es esa sensación de vieja amistad retomada.
Está comprobado que el público no sigue a semidioses. No delira por ídolos o salvadores. Le basta la palabra inteligente, el látigo de las humoradas, las ternuras amasadas de humanidad, los viriles amores exentos de machismo, las nostalgias no lacrimógenas.
Serrat, en especial, lo sabe y, como todo el que se sabe querido, abunda en guiños autorreferentes, en sobreentendidos y en los gestos seguros del seductor que sabe a su interlocutor seducible y seducido. Y como no podría ser de otra manera, este nuevo recital, mucho más que la presentación del nuevo disco compartido con Sabina, funciona como un recorrido por los momentos recordados de esa relación con el público criollo. Como en las reuniones de ex alumnos o ex compañeros de la colimba, la sola mención de una anécdota -en este caso una canción- tiene la capacidad de evocar toda una época. La gente responde entonces demostrando que se acuerda, con sus celulares haciendo de las ya clásica “antorchas”, con los aplausos apenas se insinúan los acordes de una canción, con los coros en los estribillos. O que ha transmitido esos recuerdos, de padres a hijos y de hermanos mayores a menores, a juzgar por la cantidad de jóvenes que anoche colmaron las instalaciones del predio internacional de espectáculos de la Sociedad Rural de Junín.
El esquema del recital fue casi similar al elaborado en el 2007 en la cancha de Boca, con “Dos pájaros de un tiro”. Canciones del último disco -a esta altura del partido tan reconocido por sus fans como los de hace un cuarto de siglo- alternadas con los viejos himnos. Numerosos monólogos que tachonaron el escenario, como prólogo a la interpretación de un tema.
Luego de la introducción de la banda, en el estilo de un jazzrock Light, a la manera de Chick Corea cuando toca con la Elektric Band y breves solos de cada uno de sus integrantes, los cantantes entraron a escena, saludados por una conmovedora ovación, interpretando “Ocupen su localidad”.
La noche siguió luego con una serie de estados sensibles para los espíritus inquietos: No hago otra cosa que pensar en ti, Contigo, Cantares, Después de los despueses, Cuenta conmigo y Esos locos bajitos, temas que crean climas propios y brisas armónicas y tímbricas, con ensambles electrizantes. De pronto, Sabina desaparece de escena para dejar a Serrat solo con su guitarra para darle forma a Y sin embargo, Mediterráneo, Magdalena y Viceversa. Allí es cuando la platea muere por el catalán. Casi de inmediato, Sabina es quien canta en soledad Señora, Princesa y 19 días y 500 noches. Allí también el público se emociona y aplaude a rabiar.
Hay un recurso que los dos utilizan con astucia y eficacia: el ping pong de chascarrillos, bromas y anécdotas. Y la velada enternece aún más cuando interpretan acodados en una mesa con champagne, cuando Joaquín se anima a unos pasitos de tap o cuando el Nano hace malabares con pelotas de tenis. El discípulo se encarga de mimar al maestro. “No hubiéramos abierto caminos con canciones como estas (…). Hace muchos años él era ya Dios, como Maradona. Y yo, una rata”.
El retorno para los bises ocurre varias veces. En el último, los pajarracos avisan: “Estos quieren más. Se la buscaron”. Y mientras mucha gente ya habían abandonado el predio ruralista, la “tripulación” del Titanic sale de nuevo a escena para que el público vuelva a morir con Fiesta.

  
 
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