JUNIN HISTORIA
JUNIN. Bs. As. Argentina - Miercoles, 29 Marzo 2017 19:15 hs.
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01-04-2015 | 02:18
 
Las lecciones de Malvinas desde el punto de vista de la logística
 
 

En los primeros días de octubre de 2008 entrevisté al coronel Dardo Forti, autor del libro "Hasta el último día" quien había llegado a nuestra ciudad invitado por el Taller Literario de Junín dirigido por Roberto Cánepa Leiva -en esos días celebrabra los treinta años de fundación de la organización cultural- quien desarrolló una charla en el auditorio del Sindicato Empleados de Comercio.
El militar -quien sigue en servicio activo- revistaba como subteniente en el momento de la contienda bélica de 1982, en el regimiento 3 de "La Tablada".
El libro narra una experiencia sobre la logística y el regimiento del regimiento al cual pertenecía Forti con algo más de mil soldados que pudieron sostener su capacidad de combate gracias a los esfuerzos de quienes fueron responsables.

Las dificultades
de la guerra

Durante la entrevista, Forti recordó que su tarea durante la guerra fue atender todo lo relativo a lo logístico, es decir, alimentación, agua, equipo, vestuario, etc. para mil hombres del regimiento 3 que estaba distribuido en diez kilómetros de suelo malvinense, teniendo bajo su mando directo a treinta soldados y cinco suboficiales.
El actual coronel sostuvo que la tarea fue muy difícil. “Había que atender a mil hombres distribuidos en diez kilómetros, con frío, con situaciones diferentes todos los días. Llegar con la comida era muy complicado y a veces llegaba fría debido a las distancias, a las inclemencias del suelo y del tiempo, con muchos lugares inaccesibles para los vehículos y los soldados debían caminar con los recipientes mil o mil quinientos metros, en cilindros de acero inoxidable, algunos sin tapa”.
Mencionó que también sufrieron complicaciones con el suministro de agua, debido a la poca presión de las cañerías que estaban preparadas para 1.500 pobladores de Puerto Argentino.
“Llenar un carro aguatero para que el soldado tomara agua, llevaba más de dos horas. Todo eso es un sacrificio enorme, en desmedro de otras tareas”, dijo.
Forti expresó que “los ingleses también tuvieron complicaciones ya que ellos tenían raciones que debían ser hidratadas y demandaban tanta agua que debían estar conectados a una manguera”.
“Fue una situación muy difícil, porque cuando la logística no sale bien, lo sufre en forma directa el soldado que está en primera línea. En mi libro trato de mostrar todo lo que tuvo que pelear el soldado argentino, además del enemigo inglés en ese momento. Debió luchar con la comida que llegaba fría, con el vestuario que a lo mejor no era el adecuado, con el calzado que se mojaba, con un “pozo de zorro”, con el clima de Malvinas ya que en más de una oportunidad ni el sol era nuestro amigo porque llovía cinco o seis veces por día, con un viento insoportable, sumado al bombardeo constante de los ingleses. Todo eso va desgastando”.
“Trato de contar en este libro el heroísmo del soldado argentino junto a su creatividad. Lo que han hecho esos hombres con ganas y entusiasmo es increíble”, remarcó.
El soldado se tuvo que acostumbrar en Malvinas a comer a las 9 de la mañana y a las 5 de la tarde, sin desa-yunar, sin pan.
El militar sostuvo que “Malvinas me dejó la amistad de los soldados que trabajaron conmigo, inclusive soy padrino de casamiento de uno. El otro aspecto que me dejó fue poder transmitir la experiencia y las lecciones que nos dejó Malvinas para que no volvamos a cometer los mismos errores”.

Actualidad

Para Forti el Ejército Argentino está cambiando. “Hay un antes y un después de Malvinas. Se van logrando cambios en la medida que alcanza el presupuesto. Cien por ciento ha cambiado. Fueron mejorados los equipos, se está trabajando en carpas, con nuevas raciones diarias. Puso como ejemplo que actualmente existen cocinas del primer mundo y las mismas han sido utilizadas en tareas comunitarias que desarrolla el arma como la asistencia a inundados en la provincia de Santa Fe, entregando más de mil raciones por día “con todo el apoyo logístico y las lecciones aprendidas”, enfatizó.

Malvinas, 30 años:Desde lo heroico

Por Dardo Forti
(Publicado en el diario La Voz del Pueblo, de Tres Arroyos, el jueves 29 de marzo de 2012. ver link)

Como jefe de la Sección Intendencia del RI Mec. 3 General Belgrano me tocó coordinar la logística para asegurar la alimentación y bienestar de los mil hombres que teníamos en Puerto Argentino. Nos sentimos orgullosos del trabajo que hicimos, de haber hecho con lo posible, lo imposible. Le pido vea esta historia desde otra perspectiva, desde las cosas que salieron bien y no desde la tristeza o el rencor que dejó la guerra, menos aún desde la crítica despiadada, que de ninguna manera podrá empañar la dedicación, el esfuerzo, la actitud de servicio, el trabajo en equipo, y el entusiasmo de nuestros soldados

Escribe Dardo Forti

Nuestras cocinas rodantes no podían transitar a campo traviesa, y era necesario que el soldado se acercase con su cilindro de acero inoxidable y retirara la comida para todo su grupo. Debía caminar hasta más de 2000 metros en un ambiente geográfico como el de Malvinas, con lluvia, viento y frío, para alimentar a sus compañeros
(oasis)

Le propongo que transitemos este año desde el reconocimiento, ensayando una frase simple quizá, pero sentida, "¿Estuviste en Malvinas? Te felicito".
Sólo con esto usted alimenta el "orgullo" del Soldado "Veterano de Guerra" que es sin duda el capital más importante que posee y que nadie, nadie, se lo podrá arrebatar
(oasis)
Hoy 30 años después de Malvinas, cada vez que hablo frente a un auditorio o escribo algún artículo periodístico, siento la profunda necesidad de transmitir dos aspectos que para los que trabajamos en logística durante la guerra -soldados, suboficiales y oficiales- nos es realmente significativo.
El primero, es que cada vez que tratamos el tema Malvinas lo hacemos desde la esperanza, desde la posibilidad de poner algo de luz en este tema, que aún hoy continúa en penumbras, y nunca lo hacemos desde la resignación.
En segundo lugar, nos sentimos orgullosos del trabajo que hicimos, orgullosos de haber hecho con lo posible, lo imposible. Y lo logramos. Claro que no con la excelencia que exigía la situación, pero cumplimos. Por eso estamos orgullosos, no engreídos, y le ruego al lector que aprecie la diferencia.
Claro que fue una tarea difícil, alimentar a 1000 hombres distribuidos en 10 kilómetros no fue una tarea fácil, tampoco lo es hoy en la tranquila vida de un regimiento, entonces, ¿se imagina en Malvinas?
Podrá usted sólo por un instante trasladar su imaginación hasta aquellas no tan lejanas tierras, donde la turba era el combustible para las viviendas, donde la "brisa diaria" superaba los 40 kilómetros por hora, donde llovía cinco veces por día, donde hasta el sol parecía jugarnos en contra y el agua -que aunque a usted que no conoce las islas le parezca una ironía- se negaba a salir de las pocas canillas kelpers que había disponibles, donde aquel mismo sol que tenía poco trabajo se acostaba muy temprano y la noche, la insoportable noche de Malvinas, se hacía aún más insoportable, donde recién con los primeros rayos de sol y después de romper la infaltable escarcha del techo de cada pozo de zorro, recién ahí parecía comenzar la vida.
Se imagina usted, una fría mañana de otoño con un pobre, muy pobre desayuno en el estómago, que además cada uno debía prepararse... Se imagina un almuerzo a las diez de la mañana con una sopa "fuerte" que auspiciaba de plato principal, para luego esperar hasta las cinco de la tarde para la cena, donde ahí si la porción de guiso de lentejas o fideos le agregaba algo más de calorías al soldado...
Comer sin pan fue otra de las grandes deficiencias logísticas, el poco pan que tuvimos duró una semana, al principio lo reemplazamos por galletitas Criollitas, pero éstas tampoco duraron demasiado tiempo. Sin pan y sin carne, aunque a veces aparecían en la olla algunos pedazos de cordero, no era casualmente el menú más adecuado.
Si logra visualizar este panorama, seguramente podrá coincidir conmigo: Malvinas fue una verdadera gesta y los "chicos de la guerra" lejos de serlo, fueron soldados que soportaron estoicamente las inclemencias de las islas y pelearon hasta agotar sus energías y municiones. Y por favor, no es necesario que me crea, sólo hace falta leer alguna bibliografía inglesa y descubrirá la bravura de nuestros hombres.
La logística pretende acompañar al soldado para que nada le falte, comida, agua, calzado, remedios, munición, baño y algunos rubros para su bienestar (cigarrillos, chocolates, etc.) y todo aquello que puede necesitar para cumplir con su tarea. Claro que Malvinas nos presentó una realidad bastante diferente, bastante cruel.
Es importante destacar que no todos padecieron las mismas penurias, algunos más, otros no tanto. Aquí cuento lo que nos tocó vivir a nosotros, soldados, suboficiales y oficiales del Regimiento de Infantería Mecanizado 3 General Belgrano; lo que cada día de la guerra nos fue enseñando y lo que hicimos para sobrevivir y más aún, para mantener nuestro entusiasmo y trabajar, en algunos casos, las 24 horas.
Como siempre ocurre con el tiempo transcurrido, haciendo que la historia vaya alimentando mitos, nos obliga a habilitar la memoria y poder escudriñar así aquellos días y darnos cuenta que eran eso, "sólo mitos".
Por eso a nosotros nos resulta reconfortante contar y escribir la historia desde la experiencia directa de la guerra, desde el papel de protagonista que sin duda da por el piso cualquier historia fantástica que aún hoy se continúa tejiendo.
Hoy, si me permite, quiero confirmarle que para las tropas inglesas, no fue un paseo, sufrieron tanto como nosotros. Los libros ingleses lo confirman. Y si no es adicto a la lectura, bastará con que vea la película "La dama de hierro", en los 10 minutos que dura Malvinas en el filme, usted podrá comprender el verdadero dolor que produce la guerra.
Basta con observar la cantidad de muertos y heridos, los hombres con "pie de trinchera", las peleas por encontrar un calzado argentino y poder desprenderse de las botas de combate que no eran las adecuadas para Malvinas, con este panorama, le puedo confirmar y sin temor a equivocarme que los soldados ingleses no la pasaron bien. Y peor aún, tampoco hoy la están pasando bien, a juzgar por la cantidad de suicidios que provocó la posguerra (según un informe publicado en el diario La Nación, superan los 350 casos).
Lamentablemente también a nosotros nos llegó este flagelo de la guerra, más de 400 hombres perdieron la vida, después del 14 de junio, según el último dato vertido desde el mismo Gobierno.
¿Qué nos espera?
En todos los auditorios que he recorrido, desde Misiones hasta Río Gallegos, me preguntaron lo mismo: ¿Es verdad que la comida llegaba fría?
Señora, señor, nosotros estuvimos ahí y esto que va a leer no me lo contó nadie, lo vivimos en carne propia. ¿Quiere saber la respuesta?
¡Sí! Es verdad, en muchos casos la comida llegaba fría.
Ahora les ruego, pregúntenme, ¿por qué?
Entonces puedo contarle cómo organizamos en nuestro Regimiento 3 el racionamiento de nuestros soldados y cuadros. Recuerde que teníamos que alimentar a 1000 hombres en un frente de 10 kilómetros que daba al mar, así que ante este panorama nos vimos obligados a tomar una decisión que nos parecía la más adecuada, a la hora de distribuir la comida.
Las tropas que estaban cerca del Rancho (lugar donde se prepara el racionamiento) venían caminando hasta el lugar y retiraban su ración, algunos de manera individual y otros por equipos, el resto del Regimiento, unos 400 hombres que habían ocupado posiciones a más de tres kilómetros de Puerto Argentino, eran abastecidos por nosotros con un camión que trasladaba una cocina rodante. Este sector del Regimiento fue quien más sufrió la escasez de medios.
Nuestras cocinas rodantes, sólo podrían transitar por el camino y no a campo traviesa, y era necesario que el soldado se acercase con su cilindro de acero inoxidable y retirara la cantidad de raciones para todo su grupo. Desde ahí caminaba en algunos casos más de 2000 metros hasta llegar a las posiciones donde ansiosos esperaban sus compañeros, en un ambiente geográfico como el de Malvinas, con lluvia, viento y frío.
Se podrá imaginar que era casi imposible que la comida pudiera llegar caliente.
Logística es un área muy sensible y afecta rápidamente la moral del soldado cuando las cosas no salen como uno las planifica. Y Malvinas demostró, una vez más, que esta área es un engranaje importante dentro de la maquinaria militar.
Tuvimos muchos problemas logísticos, es verdad, pero en nuestro caso, los fuimos solucionando con creatividad, con sentido común, y lo logramos, claro que no con la calidad que exigían las circunstancias.
Este panorama que le estoy presentando, lejos de pretender ser la historia de un gran fracaso, quiero pedirle que se anime a verlo de una manera diferente, como la historia de un gran éxito, porque mis 30 soldados, cuatro suboficiales y yo lo vimos así y le ruego aquí una cuota de indulgencia en estos párrafos.
Porque cuando no había agua, el soldado Lievana siempre encontraba una canilla en Puerto Argentino, aunque las agujas del reloj marcaran las dos de la mañana. Usted sabe muy bien que sin agua, nada es posible, menos aún preparar comida para 1000 hombres.
Porque cuando nos quedamos sin leña y después sin "maderitas" de las que habían adornado las prolijas cercas de los kelpers, el soldado Olate, hacía fuego con tierra. Si, leyó bien, fuego con tierra.
Olate se levantaba a las dos de la mañana para comenzar el fuego, para lograr hervir el agua y tener una rica sopa "fuerte" a las nueve de la mañana, para eso, su faraónica obra consistía en empapar cada trozo de tierra (turba) en gasoil y ponerlas debajo de las ollas, para luego encenderlas.
Esa turba daba un fuego, que no era el fuego que queríamos, pero era lo único que había.
Porque el entusiasmo que había en nuestro equipo de trabajo era contagioso quizás por la personalidad del soldado Albornoz, o el soldado Salomón, que se sumaban al esfuerzo y espíritu que cada suboficial, a su manera sabía transmitir.
Nuestro equipo de trabajo cocinó "hasta el último día", como lo recuerdo en aquel campo de prisioneros en el aeropuerto de Puerto Argentino, los soldados ingleses y algunos periodistas se acercaban a ver nuestra humeante cocina rodante preparando una comida. Cocinamos hasta cuando no teníamos los medios, como nos pasó cuando recién pisamos emocionados nuestras islas Malvinas.
Algo salió mal en la planificación, pero hoy no es momento de crítica, esto ya lo hicimos en la esperanza de corregirlo, hoy es saludable y hasta epopéyico que usted sepa que 1000 hombres embarcamos en avión en El Palomar y que después de una escala en Río Gallegos, aterrizamos en la turba malvinense, mientras que toda nuestra logística todavía estaba en Buenos Aires en el buque Formosa, que recién llegó a Puerto Argentino una semana después que nosotros.
Improvisamos cocinas con tambores de 200 litros de gasoil, que previamente tuvimos que limpiar, y que para nada fue una tarea sencilla, y así pudimos limitadamente cumplir con la misión.
Hace dos años dando una conferencia en La Pampa, donde había más de 40 veteranos de guerra de nuestro regimiento, escuchaban sorprendidos estas peripecias gastronómicas, lo emocionante fue recibir su abrazo y su reconocimiento por el esfuerzo extra que diariamente hacíamos.
Es por eso que le pido vea esta historia desde otra perspectiva, desde las cosas que salieron bien, y en algunos casos, por qué no, muy bien, y no desde la tristeza que dejó la guerra, o desde el rencor, o menos aún desde la crítica despiadada, que de ninguna manera podrá empañar la dedicación, el esfuerzo, la actitud de servicio, el trabajo en equipo, y el entusiasmo de un equipo de soldados que vivieron la única experiencia de guerra convencional del siglo XX, lejos de la paz de un cuartel, de sus afectos y peor aún, soportando la natural hostilidad de las Islas.
Si a pesar de ello no lo logré, le pido el último esfuerzo, lea esta anécdota que como muchas otras ocurrió durante la guerra, y confirma lo que hoy, 30 años después resulta indiscutible, el valor de nuestros soldados.
A pesar que nuestro trabajo no da héroes a la Patria, porque no está en la primera línea donde se da el fragor del combate, también tenemos hechos heroicos, dignos del más significativo reconocimiento y confirma una vez más el potencial desestabilizante que tuvo el recurso humano. Con sólo recordar lo que me tocó vivir aquella tarde del 12 de junio de 1982, se me pone la piel de gallina, cuando el jefe de Regimiento, el teniente coronel Comini, me ordena preparar un grupo de hombres para que acompañen con comida y agua a una parte de la Compañía de Infantería A que salía a frenar el avance inglés.
Tenía que designar tres soldados y un suboficial, al principio me pareció una tarea simple pero mientras caminaba hacia la reunión con mis soldados, pensé ¿y a quién elijo? Van a la zona del monte Tumbledown donde se estaban dando los más duros combates.
¿A quién elijo?, no podía sacarme esa pregunta de mi cabeza.
Si usted logra instalarse por un instante en aquella difícil tarde de junio, ¿no se haría la misma pregunta?
¿A quién elijo?
Me volví sobre mis pasos y consulté con quien más sabía, yo apenas era un inexperto subteniente en las dos áreas, logística y recursos humanos. Para quien esté alejado del ámbito castrense, significa que recién comenzaba mi carrera y los ejercicios militares que había hecho hasta entonces, se parecían muy poco a la realidad que vivía en Malvinas.
"Pida voluntarios Forti", me dijo el teniente coronel Comini y si no los hay usted elije.
Volví, reuní a mi gente y les conté la verdad de lo que estaba ocurriendo. Estaba nervioso, con una ansiedad que desbordaba los límites de lo normal, mis soldados también, a juzgar por el silencio que reinaba.
"Necesito tres voluntarios para ir con la Compañía de Infantería A", después de decirlo, para mí parecía haberse detenido el tiempo, los segundos no eran segundos, por lo menos así lo estaba sintiendo, hasta que el soldado Díaz dice: "Voy yo mi subteniente", y después Heredia y al final Romero, tres voluntarios para ir a lo que podría haber sido su muerte. Rompimos el silencio con algunos gritos y aplausos.
Ahora faltaba un suboficial, hice la misma pregunta a mis colaboradores directos y casi inmediatamente el sargento Shafner se postuló voluntario. La emoción que sentí en aquel momento, me invade en estos mismos instantes en los que estoy escribiendo.
Hoy la enseñanza que me dejaron esos hombres me motiva a continuar trabajando por Malvinas y más aún a volcar esa experiencia en organizaciones donde haya hombres y mujeres que se interesen por saber lo que hace un espíritu motivado, entusiasta y poseedor sin duda, de la virtud de las virtudes, como decía el filósofo, "actitud de servicio".
Desde hace bastante tiempo entendí que lo que vivimos en la guerra se parece mucho a lo que se vive en una empresa, cualquiera sea su magnitud, donde haya gente que trabaja, siempre habrá alguien que conduzca y muchos que obedezcan. El éxito está en saber cómo hacerlo, para obtener buenos resultados porque todavía hoy, en la guerra como en la empresa, el hombre continúa siendo la herramienta más importante.
En lo personal entendí que esta guerra me dejó dos grandes enseñanzas, una de ellas fue descubrir que el mejor recurso de Malvinas no tenía nada que ver ni con presupuesto, ni con la estrategia, y menos aún con la logística, y me refiero al "recurso humano", al soldado argentino y por favor entiéndase que cuando digo soldados, incluyo oficiales y suboficiales, ellos fueron lo mejor de Malvinas.
Y la otra gran enseñanza al menos para mí fue coincidir con las palabras de Cervantes cuando en el Capítulo II en su primer salida de su tierra dice: que el peso de las armas y del trabajo, no pueden llevarse sin el gobierno de las tripas.
Por todo eso es que le propongo que transitemos este año desde el reconocimiento, ensayando una frase simple quizá, pero sentida, "¿Estuviste en Malvinas? Te felicito".
Sólo con esto usted alimenta el "orgullo" del soldado "Veterano de Guerra" que es sin duda el capital más importante que posee y que nadie, nadie, se lo podrá arrebatar.


TRAYECTORIA DE DARDO FORTI
Dardo Forti nació en Arroyo Dulce, provincia de Buenos Aires, el 3 de diciembre de 1952. En 1974 se recibió de cabo de Intendencia en la Escuela de los Servicios de Apoyo de Combate General Lemos. En 1979 egresó del Colegio Militar de la Nación como subteniente de Intendencia.
El martes 13 de abril de 1982 llegó a las islas Malvinas como jefe de la Sección Intendencia del Regimiento de Infantería 3 General Belgrano junto a casi 1000 hombres. Allí se quedaron hasta el último día de la guerra.
En 1990 se recibió de licenciado en Relaciones Públicas en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
En 2007 realizó un posgrado en la conducción de los Recursos Humanos en la Universidad Católica Argentina (UCA).
En 2008 publicó "Hasta el último día". Logística: la "otra guerra" de Malvinas.
En la actualidad es coronel del Ejército Argentino y acumula más de 20 años dando conferencias sobre la logística de Malvinas, en colegios, instituciones y organismos de la Ciudad de Buenos Aires y el interior del país, y ya fue escuchado por más de 50.000 personas.

 

  
 
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