JUNIN HISTORIA
JUNIN. Bs. As. Argentina - Viernes, 18 Agosto 2017 15:01 hs.
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01-04-2015 | 03:21
  GUERRA DE MALVINAS
Cartas que tejieron historias de vida
 
La correspondencia intercambiada entre alumnos de escuelas en el continente y soldados apostados en su puesto de guerra constituyó un fuerte sostenimiento psicológico para quienes defendían nuestra bandera en el conflicto y con el tiempo dieron base a emotivos encuentros.
 

“Marcela. Espero que al recibir estas líneas te encuentres muy bien junto a tus seres queridos. Te escribe uno de los tantos soldados que defiende lo nuestro. Un soldado que al leer tu carta se sintió muy conmovido y hasta tuvo deseos de llorar. Un soldado que esperaba la carta de su vieja, pero que se alegró de la misma manera al leer las líneas dibujadas por tus manos”, comienza diciendo una carta que el soldado Pablo Azimonti –oriundo de San Pedro, provincia de Buenos Aires- escribió a una alumna de nuestra ciudad, Marcela Ana Carmelino que por aquel tiempo cursaba el tercer año división “E” en la ex Escuela Nacional de Comercio.

Un recuerdo emocionante

Treinta años después, Pablo Enrique Azimonti reside en la ciudad de Mar del Plata –donde se trasladó en 1983-. Un año antes prestaba el servicio militar obligatorio en el Batallón de Logística 10, con asiento en Capital Federal, en General Paz y Constituyentes.
El 14 de abril de 1982, Pablo y noventa camaradas de armas de su Batallón fueron trasladados en avión a Río Gallegos y dos días más tarde, también por vía aérea, son apostados en las islas. Cuando fue movilizado, a Pablo le quedaban diez días para ser dado de baja. “Yo siempre le di mucha importancia a los símbolos patrios por lo que aspiré a formar parte de esa compañía ye cambié el lugar con otro soldado que era padre de dos hijos. Fue voluntad mía ir al sur”, señaló.
En Malvinas, junto a los efectivos de su unidad estuvieron apostados en la zona del aeropuerto y posteriormente se ubicaron al norte de la residencia del gobernador, cerca del cerro “Dos Hermanos”. Cayó prisionero de los ingleses al firmarse la rendición.
Pablo afirmó que recuerda perfectamente la carta enviada por la entonces alumna juninense. “Al principio, en los primeros días de abril, –rememora- las únicas cartas que recibíamos eran las escritas por los chicos y para nosotros era como recibirlas desde un familiar querido. Era muy emocionante leer esas cartas”.
“Me acuerdo de Marcela Carmelino, como también su carta. Después tuve el gusto de conocerla, al igual que a su hermano y para mí fue una emoción muy grande. Yo le contesté y a su vez recibí una respuesta. Sé que la carta salió publicada en 1982 en el matutino La Verdad”, recordó.
“Después me empezaron a llegar correspondencia de mi familia, pero la primera carta que recibí fue de Ana Carmelino”, destacó el ex combatiente quien abrió dos cartas, la de la joven juninense y otra proveniente de una estudiante del norte de Salta pero a pesar de haberle contestado, no recibió otra correspondencia.
Hoy, como se dijo al principio, Pablo reside en Mar del Plata. Justamente por esas coincidencias del destino, es la ciudad que albergó a una familia que provenía de Junín: Gurrieri, uno de cuyos hijos, José Gurrieri falleció en combate.
En Mar del Plata hay unos doscientos ex combatientes agrupados en un Centro de veteranos de guerra que se ha constituido en un ejemplo. Junto al municipio marplatense se pudo contar con un gimnasio propio.
“Quisimos dejar de ser los “locos de la guerra” y pasar a ser un ejemplo para la sociedad –resaltó en un diálogo que mantuve al cumplirse treinta años del conflicto, 1982-2012-. Desde un primer momento nunca quisimos que se pidiera nada para nosotros. No queríamos dádivas”.
La interrelación del Centro de ex combatientes en Mar del Plata con su comunidad es muy fuerte e inclusive los ha llevado a participar en campañas como por ejemplo la entrega de cascos para motociclistas en una sociedad de fomento impulsados por el lema de que a nosotros el casco nos salvó la vida y deseamos que a los motociclistas también”.
Durante el diálogo que mantuvimos vía telefónica, Pablo hizo llegar un saludo a todos los juninenses y en especial a Ana Carmelino por haber escrito esa carta “que fue tan importante para mí”, resaltó.

Marcela: “Sentía que era una manera de aportar algo”

Marcela Carmelino
(foto Miguel Angel Zara)

Treinta años después, Marcela Ana Carmelino (foto), es mamá de un nene y una niña, desarrolla su profesión como psiquiatra infanto juvenil en el Hospital Interzonal de Agudos de nuestra ciudad y en el Servicio Local de Pergamino y en el Hospital municipal de Carlos Tejedor.

Hoy, rememora para aquellos días vividos como estudiante. “En ningún momento, creo, tuve demasiada conciencia de la magnitud de lo que nos estaba pasando. Creo que eso nos pasó a todos, por lo menos en la edad que tenía aquel momento. Me daba entusiasmo escribir esas cartas como una manera de aportar algo”.
Recordó que al recibir la respuesta a su carta proveniente del entonces soldado Pablo Azimonti, sintió una gran emoción, un gran entusiasmo. Tras el conflicto se estableció un vínculo de amistad que se sostuvo por el intercambio de correspondencia y Marcela. A partir de la inquietud de su hermano Claudio que fue el primero en buscarlo en la ciudad donde el ex soldado residía, Mar del Plata, pudo conocer a Pablo Azimonti.


“Me siento muy orgulloso de estar aquí”

La crónica periodística juninense reflejaba aquellos días de 1982 que los alumnos de la Escuela Nacional de Comercio escribieron oportunamente cartas a los soldados del sur y de las muchas contestaciones que llegaron se reproduce la que envió el entonces soldado de la clase 1962 Pablo Azimonti, del Batallón Logístico 10 y que contestó la misiva que le envió la alumna Marcela Ana Carmelino, de tercer año división “E”. La carta del soldado está fechada en las Islas Malvinas, el día 21 de mayo y dice así:

“Marcela. Espero que al recibir estas líneas te encuentres muy bien junto a tus seres queridos. Te escribe uno de los tantos soldados que defiende lo nuestro.

Un soldado que al leer tu carta se sintió muy conmovido y hasta tuvo deseos de llorar. Un soldado que esperaba la carta de su vieja, pero que se alegró de la misma manera al leer las líneas dibujadas por tus manos.

Me siento muy orgulloso de estar aquí en este lugar para siempre nuestro, compuesto por un hermoso paisaje con sus colinas desiertas, que pronto se poblarán de argentinos, con su suelo enriquecido, que nos dará el pan para comer, con su mar azul cargado de olas que juegan al compás del fuerte viento, con su cielo celeste y blanco como la bandera que venimos a defender.

Todo es muy lindo. El pueblo con sus casas de madera de colores alegres y techos de chapa, con su gente que sufre pero que se siente conforme a pesar de todo, con sus “telephone public” que muy pronto cambiarán su nombre.
Pensar que a veces uno se enoja por pavadas, por tontas vanidades y después te das cuenta que existen cosas más importantes, que solamente estando lejos le brindas todo su valor.

La moral de todos nosotros es muy buena. Estamos dispuesto a todo, pero por momentos, con el corazón pensando en el hogar del continente.

Todo esto es un “no sé qué pasará”, una incertidumbre, pero sé que no estamos solos. Dios está con nosotros y El protege las causas justas y verdaderas. Además poseemos un arma poderosísima, más poderoso que un “Invencible”: la fe. Desgraciados aquellos que no creen: ellos sí que están solos ya que nuestra vida, aunque dura a veces, tiene un sentido.

Quiero decirte gracias por tu carta, tus palabras y que me ayudan a seguir adelante en esta difícil misión, te envío un gran beso para vos y cariños para tus seres queridos.
Te digo hasta pronto y la mejor de las suertes ya que lo mereces por tanto que haces por mí.
Pablo. Un pibe que te brinda toda su amistad.

PD: Yo voy a seguir calentando agua y aceite para tirarle a los gringos que se me vengan encima. Chau, espero tu carta”.



La carta enviada por Pablo Azimonti desde Malvinas. (Foto: Miguel Angel Zara, para LA VERDAD)

“Hay un soldado argentino velando por nuestra Patria”

“Queridos alumnos y profesores de la Escuela Normal Nacional de Junín. He considerado como deber de argentino el agradecerle a ustedes el apoyo espiritual que nos brindan en estos momentos tan difíciles para nosotros y que no hacen más que engrandecer nuestro espíritu y elevar más aún nuestra moral como combatientes”.
Así comenzaba la carta que el cabo Miguel A. Martínez remitió a los alumnos de la Escuela Nacional Normal Superior, recibida el miércoles 2 de junio de 1982 y publicada  al día siguiente.
Desde la isla Soledad, el soldado narraba: “Como dije al iniciar esta, es para mí un deber de argentino escribirles ya que nosotros sabemos perfectamente que el alumno desde el banco y el profesor desde el escritorio están colaborando en la defensa de nuestra patria. Aquí en nuestras islas Malvinas hemos sido objeto de varios ataques protagonizados por fuerzas navales inglesas desde bombardeos, cañoneos, intentos de desembarco a toda hora del día ya sea a la mañana, la tarde, la noche o la madrugada pero nada ablanda al soldado argentino que firme en su posición defiende metro a metro nuestro suelo patrio, haciendo vano cada intento realista.
Sé que ellos dicen no saber con qué armas se defiende nuestro país pero puedo asegurarles que en cada bala de cañón que se dispara, va un corazón argentino envuelto en la celeste y blanca, no con el deseo de destruir, sino con el deseo de imponer ante el invasor una barrera impenetrable.
También les diré que aquí, al igual que ustedes, tenemos los corazones elevados a Dios por la paz del mundo pero fervorosos y firmes en nuestra causa, por el pronto retorno a nuestros hogares junto a nuestros seres queridos que tanto nos esperan.
Sobre el Regimiento 101 de Artillería de nuestra ciudad no puedo contarles nada ya que son muchos los kilómetros que nos separan. Ellos están en el continente, precisamente en Río Gallegos y yo me encuentro en la Isla Soledad en Puerto Argentino.
Además, quiero que sepan que yo también tengo mi corazón puesto en esa Escuela Normal ya que Claudia, mi hermana, estudia en vuestras aulas, además de mi querida novia y su hermana.
Como se darán cuenta, gran parte del día mi mente y mis deseos de regreso pasean por sus galerías y aulas buscando cosas que me acerquen por medio de la imaginación a mi querida ciudad y a los seres que amo.
Bueno. Adelante juventud, a seguir estudiando con más voluntad que nunca que la Patria los necesita. Ustedes son el futuro de esta tierra joven que Dios nos legó.
Permanezcan tranquilos. Hay un soldado argentino velando por nuestra Patria.
Amigos, estudiantes y profesores, tengo tan solo 22 años y les diré que me siento orgulloso de que la vida me de la posibilidad de sentirme hombre y la Patria la firmeza y la fe de salir victorioso en el combate.
Queridos alumnos, queridos profesores, estimada señorita directora. Me uno a ustedes en un fuerte abrazo, un hasta pronto y que Dios los bendiga.
Viva la Patria. Miguel A. Martínez, Cabo.


  
 
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