JUNIN HISTORIA
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27-08-2014 | 19:05
 
Descubriendo a Negreti: el hombre, el poeta y la leyenda
 
Hablar y escribir sobre Negreti significa tratar de llegar a descifrar ese mito que es Luis B. Negreti, cuyo nombre portan una plaza y una calle en el barrio “El Molino”, a la vez un busto suyo decora la plazoleta de “Los Trovadores” en calle Chile frente al Club Moreno.
 

 “La niña dormía / con sueño profundo, / y el hada volvía / de andar por el mundo / Al verla tan bella / se acerca a la cuna, / blanca toda ella / bañada de luna. / Y un beso le deja, / brillante en la frente / y luego se aleja / con gesto sonriente. / La niña su sueño / prosigue durmiendo / como en un ensueño / que acaba sonriendo”.
Esta poema, publicado por Democracia en julio de 1936, fue el último trabajo literario de Luis B. Negreti “el poeta de la ciudad” como lo califica en su título la edición de este diario del domingo 5 de julio de ese año cuando da cuenta de la muerte del poeta.
Cuenta la nota que la poesía fue escrita dos días antes. “Anteanoche –dijo el diario Democracia en aquella oportunidad- Negreti estaba visitando la casa del Sr. Pedro Rodríguez. Una de las hjitas de éste le pidió una poesía y le improvisó unos versos”.
Estamos hablando de uno de los máximos exponentes literarios juninenses. De quien mucho se ha hablado, pero poco se sabe con certeza, mezclándose mucho lo real con la leyenda.
Hablar y escribir sobre Negreti significa tratar de llegar a descifrar ese mito que es Luis B. Negreti, cuyo nombre portan una plaza y una calle en el barrio “El Molino”, a la vez un busto suyo decora la plazoleta de “Los Trovadores” en calle Chile frente al Club Moreno.

La poesía

Laura Acebal, cuya madre conoció a Negreti contó al periodista Roberto Carlos Torres en oportunidad de un trabajo periodístico realizado sobre la vida del escritor juninense y publicado por el diario Democracia en el año 2007 que “sus poemas hacían referencia a si mismo y a otros personajes del barrio, presentando una mirada bastante melancólica pero también piadosa hacia los demás”.
Laura posee un ejemplar de “Mi ventana que da sobre la vida” que fue impreso en los talleres gráficos Méndez de nuestra ciudad, ubicados por aquel entonces en Roque Sáenz Peña 237, en el año 1949 (segunda edición).
Dicho libro también contiene un artículo que el diario “La Nación” de Buenos Aires publicó en 1930 sobre la obra del escritor.
Es importante que los juninenses sepamos descubrir a un Negreti más allá de los mitos y la leyenda propia del personaje, para conocer a quien supo describir, desde su particular mirada , un Junín que peleaba entre ser un pueblo de calles polvorientas y una ciudad que crecía y buscaba su futuro, de la mano de un progreso que al propio poeta le costaba asumir: “reniego de este barrio progresista y vacío / porque ya no es el mismo, porque ya no es el mío / porque ya no merece mi homenaje de amor...” (Mi antiguo barrio)

Su presencia en mi vida

Por Laura Acebal.- Nací en el barrio "El Molino", patria inaugural y dichosa de mi infancia. Pertenezco a una familia trabajadora que le concedió un lugar de privilegio a la poesía y a la música de raíz popular. Espacio de expansión del espíritu que fue poblado, en primer término, por expresiones que surgían del mismo barrio, como una adhesión, sentida y tácita a aquella frase que habla de la importancia de describir primero la propia aldea para arribar a la universalidad...
Por ésto, pensar qué significa Luis B. Negreti para mí, es remontarme, inevitablemente (¿y por qué habría de evitarlo?) a mis primeros años, al recuerdo de noches de amigos y guitarras en la intimidad de nuestro hogar. A las voces, queridas y añoradas, de mi padre, Don Luis Acebal, Maíto Ceratto, Pichón Longo, Ilmar Rivero y tantos más...
A los gestos y palabras de Lita, mi dulce madre, leyendo "Por las calles del pueblo" y contándonos a Mónica, mi hermana, y a mí una anécdota de su niñez, cuando habló con Negreti, a propósito de un concurso literario en el que ella participaba. Decía que era serio y que su imagen coincidía con sus versos...
Es pensar en la Escuela 19, los actos escolares y en Irma Queiruga, una maestra inolvidable, su sobrina, hija de la hermana del poeta...
Es creer con firmeza que su mirada se detuvo, compasiva, en el niño pobre, en la costurerita, en el mendigo, en el obrero. Que sufrió por amor. Que nada de lo humano le resultó indiferente. Que valoró la verdadera amistad. Que amó a su barrio y posó sobre él sus ojos melancólicos; porque fue un hombre bueno, agradecido a Dios que, sencillamente, se atrevió a abrir una ventana que dio sobre la vida.

 

SUS POEMAS

Reproducimos aquí algunos de los poemas del poeta juninense:
LA CANCION DEL HOMBRE AGRADECIDO

Porque me diste un alma melancólica y buena,
que a despecho de todo se mantuvo serena;
porque en mí florecieron con romántico empeño,
las fantásticas rosas del amor y el ensueño.

Porque amé a la belleza sobre toda otra cosa,
en el verso, en el ave, la mujer y la rosa;
porque tuve el capricho de labrar mi fortuna
con la plata bruñida de la mágica luna.

Porque fue para todos mi cosecha de flores,
y la dicha gloriosa de mis horas mejores,
porque fui para todos como un beso de amor.

A despecho de todos mis acerbos dolores,
refundido en belleza, yo te alabo, Señor;
en el verso, en el ave, la mujer y la flor.

MI ANTIGUO BARRIO

I

Ayer volvía a mi barrio después de casi un año,
y me embargó la pena de verla tan extraño.
En unos pocos meses: ¡Cuánto ha progresado!...
¡Tenemos luz eléctrica!. ¿Tenemos empedrado!...

Sin embargo, todo esto no me causa alegría,
y algo noto que falta de lo que antes tenía.
Los chicos ya no juegan en la calle como antes,
huyendo si veían llegar a los vigilantes.

El turco ya no tiene su boliche en la esquina,
ni en la casa de al lado vive ya mi vecina
aquella que a mis versos prestaba inspiración.

También la lavandera se ha mudado de casa,
y el mendigo andrajoso por la calle no pasa
apoyado en el puño de su grueso bastón.

II

¡Cómo ha cambiado todo!. Cualquiera pensaría
que al barrio le robaron el alma que tenía.
Tan sólo la modista parece haber quedado,
pero éste, como el barrio, también ha progresado.

Hoy lleva recortada su linda cabellera
y lleva sobre el brazo luciendo una pulsera,
pero alguien asegura que todos sus excesos
los paga con el falso dinero de sus besos.

Reniego de este barrio progresista y vacío,
porque ya no es el mismo, porque ya no es el mío,
porque ya no merece mi homenaje de amor.

Este barrio que fuera como un reino pequeño,
que aromó con sus rosas el rosal de mi ensueño
y algró con sus trinos mi jilguero cantor.

POR LAS CALLES DEL PUEBLO

Cuando todas las tardes
a pesar del invierno,
voy cruzando las calles
polvorosas del pueblo;
cierta gente murmura
de mi traje modesto,
de mi larga melena,
de mi negro pañuelo,
y las alas tan anchas
de mi viejo chambergo.

Y yo escucho que dicen
con desden altanero:
“Es un pobre muchacho
que le da por los versos,
que se pasa las noches,
componiendo sonetos,
que después aparecen
en los diarios del pueblo,
dedicados a una
que ni quiere leerlos”.

Yo prosigo con mi viaje
sin sentirme molesto
con el triste bagaje
de mis pobres ensueños,
y al pensar en mi crimen
de escribir malos versos,
de vestir como visto,
de pensar como pienso,
me da mucha tristeza
de pasear por el pueblo.

YO SOY UN HOMBRE BUENO

Yo soy un hombre bueno, demasiado sencillo,
que tengo la desgracia de ser espiritual.
Y como de las cosas no me seduce el brillo
la gente me moteja de ser original.

Yo soy un hombre bueno, demasiado sincero,
que tengo para todos un afecto cordial,
y como escribo versos y no tengo dinero
vivo el sueño dorado del bohemio ideal.

El amor pocas veces ha charlado conmigo;
la amistad, sin embargo, me ha brindado su abrigo
y a su amparo he mirado florecer mi rosal.

En mi vida paria solo tengo un anhelo,
y es cuidar cada día con tiernísimo celo
que no crezcan en mi alma las ortigas del mal.

 

HOMENAJE DE IMELDE SANZ

Ajustate el pañuelo

Por Imelde Sanz. Música de Enzo Ramos

Ajústate el pañuelo y caminemos...
La escarcha de julio, con sus grises,
las calles del pueblo va empedrando.
Si una rosa se burla del invierno,
es “El ROSAL” que en prodigarse insiste.
Allá vivía Ema, siempre lejos...
Escribiste los versos para ella,
soñando que golpeara a tu puerta,
pero igual que tus cartas no llegaron,
detrás de su tapial, se quedó Ema.
Todo es asfalto ahora, o casi todo,
mas estas son tus calles, tus veredas.
Aliado de intemperies y botellas,
resiste algún boliche todavía.
El vino se desborda en una estrella,
el mostrador se empapa y se ilumina
y alguien se vuela como te volabas,
con las alas de “ICARO”, recuerdas?.

Llenas siguen de gracia
las eternas muchachas.
El pobre pueblo pobre
de tu tiempo y mi tiempo
tiene ganado el cielo.
La tos de julio avanza,
ajústate el pañuelo
que se te enfría el alma.

Por tu viejo chambergo irreverente,
la loca y florecida maravilla
de tu larga melena entre la gente,
extraña hubiera sido y subversiva.
Tu “VENTANA QUE DIO SOBRE LA VIDA”,
otro día se abrió sobre la muerte.
Navajas afiladas y mezquinas,
degollaron la paz “SENCILLAMENTE”.
Tu negra, tu constante vestimenta,
si te hubiera quedado, luciría
de un luto acusador, en rebeldía,
mas enlutado que en los años treinta.
Son muchos los años que han pasado.
Y la gente murmura todavía.
Ajústate el pañuelo y la corteza,
que la escarcha del mundo no se fija
y suele devorar a los poetas.
Quiero en tu solitario brazo
el mío aposentar, como si fuera aquella.
Decirte mansamente, ven conmigo,
esta es tu casa “Entra”

  
 
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