Nuestros médicos en la historia

Dice Luis Sciuto Ferretto en su obra “Junín en la historia y hombres que la impulsaron”, de 1967:

“Es justo y de meritorio reconocimiento, señalar a los primeros médicos que actuaron en este lugar y a quienes le sucedieron, ejerciendo en aquellos lejanos tiempos el sagrado y humano apostolado de resguardar la salud de los pobladores, debiendo actuar con verdadero sacrificio en frecuentes epidemias de viruela, gripe, fiebre tifoidea, así como en graves infecciones de carbunclo, tétanos y gangrena, que solían provocar estragos entre los soldados y demás habitantes de la zona.

En consideración a ese sentido humano y social, pláceme recordar, en orden cronológico, los nombres de todos aquellos abnegados profesionales que fueron actuando en nuestro medio.

En el año 1828, ejerció el doctor Betancourt; en 1832, el doctor Juan María Manus, quien falleció en Fuerte Federación antes de cumplir un año de actuación, siendo reemplazado en 1833 por el doctor Pérez Ramírez.

Luego le siguieron los doctores Blas Azpiazú, Apolidoro, Claps, Possio y Marrull.

En el año 1878 actúa el doctor Bermejo, último de los médicos contratados por el Gobierno para asistir a la guarnición militar y a la población en general.

Desde el año 1880 en adelante, los profesionales comenzaron a ejercer su actividad en forma privada, figurando entre ellos los doctores Daveere, Cellotti, Carbonell, Pombo, Juan B. Justo, Luis Paulkero, Tamborini, Ferrari, Ap. Ewan (más conocido por el apodo de “el doctor inglés), Francisco Cabrera y Francisco Murchio.

Así llegamos al año 1905, fecha en que aparece en el escenario de Junín el doctor Benito de Miguel, recia figura juvenil dispuesta a emprender una actuación que se prolongó por muchos años.

La tarea médica, en primer término, puso de relieve los méritos personales que tanto influyeron en su gravitación social y profesional. Simultáneamente desarrolló una intensa actividad cívica y política la cual le permitió conquistar un ponderable prestigio y destacarse como tribuno elocuente y como legislador de visión.

Durante su relevante actuación política, rechazó en dos propicias oportunidades el pedido formal de sus partidarios, quienes deseaban postular su nombre como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires.

En su conducta desinteresada y en la lealtad a su partido, primaba el propósito de no obstaculizar la ascendente trayectoria de respetables candidatos apoyados por otros núcleos partidarios, candidatos éstos que finalmente resultaron elegidos para gobernar la Provincia.

Además, su preclara sabiduría, sus dotes de filántropo y su larga trayectoria de labor fecunda, contribuyen a presentarlo como una figura señera, excelsa y por muchos admirada.

Durante un lapso de 58 años el doctor De Miguel cumplió en nuestro medio una acción profesional, política y social muy difícil de igualar.

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