Marcelino Vargas, víctima de la oscuridad de la venganza

Dice Luis Sciuto Ferretto:

“A muy poca distancia del Río Salado y colindante a las instalaciones de la Sociedad Rural de Junín, subsistieron hasta hace poco tiempo -el texto fue escrito en 1967- unas viejas habitaciones, construidas en la chacra que el Gobierno adjudicara al capitán Pablo Vargas.

Allí solía residir temporariamente aquel meritorio jefe de milicias al regreso de las frecuentes misiones que le eran encomendadas para custodiar la frontera pactada con los indios.

Más en el año 1879, esa propiedad debió ser enajenada para saldar una pequeña deuda contraída en la casa de comercio local de la firma Isidro y Francisco Soba.

Lugar de historia y de leyenda, pues desde él se vigilaba el “paso de piedra” del Río Salado ubicado unos 900 metros hacia el suroeste. Por ese sitio que en adelante también se le comenzó a llamar “Paso Vargas” solían infiltrarse sigilosamente indígenes que merodeaban por las inmediaciones en actitud de continua acechanza.

Después de realizar pacientes investigaciones he llegado a la conclusión de que debió ser en ese mismo sitio, cuando corría el año 1870, donde encontró la muerte en un episodio de muy hondo dramatismo el valiente miliciano Marcelino Vargas, hermano del anterior y abuelo de nuestro estimado convecino, don Gregorio Vargas.

Marcelino Vargas fue sorprendido en la oscuridad de una noche por un grupo de indios ávidos de botín y de venganza.

Después de ofrecer una tenaz resistencia en lucha tan desigual, sintiéndose herido y seguramente para evitar ser degollado, optó por refugiarse en el fondo de un pozo, pero allí fue descubierto y quemado vivo con paja arrancada del techo del rancho.

Algunos días más tarde se encontró su cadáver totalmente carbonizado junto al de un indio que audazmente trató de descender para ultimarlo, pero que también halló la muerte, traspasado por la lanza que Vargas blandiera con destreza en su desesperada acción defensiva.

Años después fue hecho prisionero un indígena que había participado en este mismo asalto, pudiéndose entonces conocer, por su intermedio, los pormenores de aquel sangriento episodio.

Fuente;Junín en la Historia

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