Las mil caras de Eva (Nota 1)

Con belleza y talentos únicos, Eva Duarte hipnotizó a los fotógrafos y talló su imagen según los vuelcos de su intensa vida. Entre la diva del cine -adonde llegó en 1942- y la “Jefa Espiritual de la Nación”, las versiones de un rostro inolvidable.


(Escribe: Abel Alexander, historiador de la fotografía).- En sólo 33 años de vida, Eva Duarte de Perón generó una gigantes iconografía fotográfica sin precedentes en su época. Evita era una mujer tremendamente fotogénica: poseía esos atributos que la favorecían ampliamente frente a la cámara: un perfecto rostro oval, ojos grandes oscuros y bien separados, una frente alta y despejada a lo que se agregaba aquella sonrisa deslumbrante. Era joven y hermosa, de buena figura, piel blanquísima y una abundante cabellera siempre peinada por los mejores coiffeurs. Su guardarropa tenía la etiqueta de los más cotizados modistos nacionales e internacionales. En las sesiones de pose lucía lujosas joyas haciendo juego con sofisticados vestidos o costosas pieles.

Pero mucho antes de aquellas tomas inolvidables, su primera relación con la cámara fotográfica tal vez haya estado vinculada a su vocación por el mundo del espectáculo. Con apenas dos años de edad y un sencillo disfraz, Evita posa para los festejos del carnaval junto a sus cuatro hermanos. Como para toda familia humilde de la época, la fotografía representaba un verdadero lujo. No sorprende entonces que haya tan escaso registro de la niñez y adolescencia de Evita. (En la foto: Eva, con dos años – a la derecha- posa junto a sus hermanos para el carnaval, Los Toldos, archivo familia Duarte Alvarez Rodríguez)

A los 11, en 1930, Evita y su familia se mudaron de Los Toldos a Junín en un intento de mejorar la angustiante situación familiar. “Cholita”, como la llamaban cariñosamente, coleccionaba con entusiasmo los retratos de sus artistas favoritos. Quería ser como ellos o más. Con esa meta y con tan solo 15 años, Evita desembarcó en Buenos Aires en enero de 1935. Entonces no existían agencias o representantes que promovieran la carrera de una actriz; las aspirantes debían buscarse por sí mismas los contactos, contratos y promociones.

Los retratos fotográficos jugaban un papel vital para esa búsqueda. En esos años Eva Duarte escogió con buen criterio aquellas firmas que se especializaban en la delicada retratística de actores y actrices de teatro y cinematografía. Así llegó al estudio del fotógrafo húngaro Nicolás Schoenfeld (1901-1977) de la calle Carlos Pellegrini al 1200 de la ciudad de Buenos Aires. Los retratos realizados entre 1938 y 1940 fueron encargados por el actor Tomás Simari, quien inclusive abonó las facturas. Schoenfeld, el “retratista del alma” recordaba en la revista “Así” de 1975 a la joven actriz como “amable, profundamente sensible, atenta y muy coqueta”.

El gran maestro de orígen polaco Sivul Wilenski (1897-1952) fue otro de los retratistas escogidos por Eva Duarte. Sus negativos, conservados en el Museo del Cine, conforman una colección de casi 30 retratos de estudio en diferentes poses y actitudes con un manejo de las luces y las sombras que resaltan esos hermosos ojos oscuros. Hacia 1935 se hizo fotos en el estudio Fotografía Fermoselle y entre ellas se destaca un hermoso retrato que Evita dedicó a su hermano Juan. Pero fue la alemana Annemarie Heinrich (1912-2005) quien obtuvo los más valiosos retratos de Eva Duarte. En 1938, sonriente, posaba con atrevida falda y cabello rubio. Otro retrato emblemático la muestra con una sugerente malla a lunares.

Varias de estas fotos volcadas intensamente a la promoción de la estrella, fueron seleccionadas por los editores para ilustrar las tapas o notas y reportajes en las principales revistas de Buenos Aires dedicadas al espectáculo.

Es interesante observar cómo las fotografías de esas tapas se alternan mostrando una Eva Duarte ambivalente que oscila entre el retrato recatado y las poses atrevidas. Existen testimonios de Eva visitando las redacciones y convenciendo a las secretarias para obtener

estas notas. Muchas veces lo consiguió: en 1939, las populares revistas “Sintonía” y “Damas y damitas” incluyeron en sus portadas fotografías de Wilenski. También “Guión” en 1940 publicó una foto de Annemarie Heinrich en tapa, que la muestra en un osado traje de baño o en la revista “Cine argentino” donde aparece de cuerpo entero como jugadora de Boca Juniors en una imagen femenina transgresora para los cánones deportivos de la época.

En ese mismo período logra triunfar como actriz de radioteatro y cine. Entre 1937 y 1945 intervino en siete películas pero hacia 1942 ya era popular. También había conseguido dejar atrás la pobreza. Ese año compró un coqueto departamento en la calle Posadas 1567 en Recoleta, Y con sus mejores vestidos y joyas volvió a posar para los más talentosos fotógrafos de Buenos Aires, en busca de aquellos retratos que, como toda artista de renombre, debía entregar a la prensa, a los representantes y a una incipiente legión de admiradores.

Por esos años los formatos preferidos por los artistas eran 18 x 12 centímetros para obsequios de importancia y de 14 x 9 centímetros (postal) para compromisos menores. Las copias eran en blanco y negro con textura mate o brillante y el delicado retoque de negativos y positivos era una técnica indispensable frente a las exigencias de belleza y juventud de esos especiales clientes. Los retratos, generalmente individuales se entregaban en elaboradas carpetas con la publicidad del atelier, muchas veces con la dedicatoria escrita sobre la parte inferior derecha, la firma del artista y la fecha de entrega.

En este período se destaca uno de los retratos icónicos de Eva Duarte. Fue su autora la celebre Annemarie Heinrich y muestra un impactante primer plano de la actriz, con una intensa mirada de soslayo y el rostro apoyado delicadamente en la mano coronada por un gran anillo de topacio, bajo un juego de luces y sombras. Esta imagen presidía el comedor del departamento de la calle Posadas que en 1944 Eva Duarte comenzó a compartir con el influyente coronel Juan Domingo Perón a quien había conocido en enero de ese año durante un festival de beneficencia en el Luna Park. De esa etapa se conocen una serie de fotografías que, lejos de las estudiadas poses de estudio, muestran la felicidad de la nueva pareja en su hogar.

En ese entonces Evita adopta definitivamente el cabello rubio e inicia una estudiada transformación de su imagen pública. Abandona las fotos con poses habituales en el mundo del espectáculo y solamente permite fotografías más formales, como las que corresponden con una mujer comprometida con las grandes causas nacionales. Son cambios icónicos que van dejando paulatinamente su figura de artista y la introducen ahora en los registros públicos de la política, el sindicalismo, los medios nacionales y la vida social.

El ascenso de Perón logra su impulso definitivo con la masiva demostración popular del 17 de octubre de 1945. Unos días después, el 22, en Junín, el coronel y Eva se casan por civil.

Perón lanza su candidatura presidencial y la flamante esposa lo acompaña en la gira proselitista que se realiza en un convoy ferroviario. Las emotivas fotografías de Eva en esta campaña -que la ponen en contacto directo con las grandes masas- sientan las bases de una enorme iconografía política que, una vez en el poder, tendrán una dimensión nunca vista para una mujer argentina.

El discreto papel que tradicionalmente jugaron las primeras damas en el protocolo oficial fue pulverizado por aquella Evita convertida en una vibrante líder política. Las primeras fotografías de Presidencia realizadas por el fotógrafo G. Fernando Prado en 1946 la muestran sentada luciendo sus mejores joyas al lado de su marido, de pie y con uniforme de gala. Era la primera vez en la historia argentina que un Presidente posaba para el retrato oficial con su esposa.


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