Las manos tangueras de Oscar Velilla

Ejerció casi cuatro décadas la profesión de escribano. Su pasión es el tango y pudo desarrollarla como pianista. Según dice, el “dos por cuatro” le dio muchìsimo y todo fue positivo.

Como solían hacer la mayoría de los profesores de Música, Ana Rabadán le insistía al entonces adolescente Oscar Velilla, que tocara y practicara en su piano con las partituras de diferentes obras de música clásica.

Sin embargo, a mediados de los 50 Velilla sentía inclinación por el tango: una preferencia que pronto se convertiría en pasión. Y fue su padre el que le dio el visto bueno para seguir por ese camino.

“Un día –recuerda Oscar– yo estaba en casa tocando ‘Nostalgias’, y mi padre me escuchó y me dijo ‘qué bien te sale eso’, y para mí fue como un certificado que me habilitaba a seguir en el tango”.

A partir de entonces, la música ciudadana formó parte inseparable de su vida, así como la función notarial, que desempeñó durante casi cuatro décadas en nuestra ciudad, y que aún ejerce en Rojas.

Niñez musical

Hijo de un comerciante y una ama de casa, Oscar Velilla nació en Junín, en una casa en donde había una atmósfera musical.

Su padre –que tuvo durante muchos años una tienda importante en Sáenz Peña e Hipólito Yrigoyen– “era un pianista intuitivo, que tocaba muy bien” y solía presentarse en el Bar Pacífico del barrio Pueblo Nuevo. En tanto, sus tíos paternos, además de ferroviarios, eran violinistas, y tenía otros tíos abuelos de su familia materna que eran músicos, “como eran la mayoría de los inmigrantes de aquella época”, señala.

Oscar empezó la primaria en la Escuela del Sagrado Corazón, pero en segundo grado se pasó a la Escuela N° 1. Luego hizo el secundario en el Colegio Comercial.

“Mi primera incursión social en Junín fue a través de la música”, dice y rememora aquellos años donde el tango era un protagonista de la vida ciudadana: “Acá hubo muchas orquestas, y de muy buena calidad. La de Arturo Viora no tenía nada que envidiarle a las grandes de Buenos Aires, así como las de Raúl Bianco, la de Osvaldo López, y los conjuntos menores, que también eran muy buenos”.

A él le tocó entrar en alguno de esos, “con pantalones cortos”, y a los 16 años formó el septeto “Neo Tango”, un grupo integrado por jóvenes músicos, que “hizo historia en Junín”, de acuerdo a la consideración de Velilla.

Además de Oscar en piano, “Neo Tango” estaba integrado por Carlos Buono y Edgardo Gómez en bandoneón; Hugo Fusse, Félix Racca y Edgardo Caponi en violín; y Manolo Giambroni en contrabajo. También estaban “dos de los mejores cantores que había en Junín” en ese entonces: Alfredo Peter y Jorge Gallardo. Y como presentador representante, se desempeñaba Rodolfo Castellazzi.

“Teníamos mucho trabajo y todos los fines de semana teníamos ocupado de jueves a domingo”, recuerda Velilla.

El conjunto se mantuvo vigente unos tres años, a finales de los 50 y principio de los sesenta.

La música formaba parte de su cotidianidad pero, aún cuando ya se había recibido de profesor, decidió tomar un nuevo camino.

En La Plata

Cuando terminó el colegio se fue a estudiar Derecho a La Plata, aunque no fue fácil: “De repente y de manera abrupta, me había quedado sin piano y sin orquesta”.

Fue para él un cambio radical. Entonces, con Hugo Fuse –su antiguo compañero de Neo Tango, que estaba en La Plata y tenía su violín– salió a buscar un piano para poder juntarse a tocar.

En un club de Tolosa les prestaron el instrumento un par de veces por semana y ahí comenzaron a practicar. Al ver que sonaban bien, la persona que estaba a cargo del lugar puso unas mesas y, de a poco, se fue sumando gente que los escuchaba mientras tomaba algo.

En 1963 lo convocaron para tocar en uno de los mejores cabarets de La Plata, el Resyl Night Club. “Era raro que me vinieran a buscar a mí con la cantidad de buenos músicos que había en la ciudad –explica– pero después me enteré que fue porque el Sindicato de Músicos tenía un problema muy serio con los dueños de este lugar y por eso necesitaban músicos que no estuvieran afiliados”.

Durante algunos meses Velilla integró un trío en ese lugar que era, según cuenta, “muy importante”, donde cantaron referentes del tango como Roberto Goyeneche o Jorge Durán.

“Ahí estuve poco tiempo porque después se enteraron mis viejos”, comenta sonriente.

Al año siguiente falleció su padre, por lo que se le hizo imposible seguir en La Plata.

Regresó a Junín e ingresó como empleado en la sucursal local del Banco Provincia, en lo que fue una época “inolvidable”, donde cosechó “amigos entrañables”.

Escribano

Junto con Néstor Villores, que trabajaba en el Banco Junín, decidieron continuar sus estudios notariales, como alumnos libres, ya que los dos ya tenían algunas materias aprobadas.

“Argentina fue un país que siempre facilitó mucho la posibilidad de estudiar a distancia sin la necesidad de concurrir a la universidad –destaca– y eso fue muy importante para mí y por eso le estoy muy agradecido a mi país, por haberme dado esta chance”.

Finalmente, ambos jóvenes pudieron completar sus estudios.

Luego Oscar se fue del banco, empezó a ejercer como escribano en Rojas, porque acá todavía no se podía matricular, pero al tiempo consiguió la matrícula en Junín, y también inició su carrera acá.

“Lo hice durante 37 años, me jubilé y la escribanía la sigue mi hija Paula”, resume.

En referencia a su actividad, Velilla señala que “todas las sociedades necesitaron de la función notarial, desde las más primitivas”, y amplía: “Por supuesto no se llamaba así, pero se requería de un habitante que por su probidad, por sus características de persona justa, dijera cómo eran las cosas y ante él se realizaran las transferencias y demás. En las organizaciones sociales de los países de occidente, principalmente, siempre estuvo la función notarial”.

Asimismo, advierte que en todos sus años de ejercicio, la profesión cambió mucho. “Hubo, principalmente, un avance notorio de la parte fiscal sobre la profesión –explica Velilla–, esto pasó a ser algo muy importante dentro de la escribanía, con controles que en aquellos primeros tiempos eran mucho menores. Antes, el escribano estaba más en función de la conformación del derecho en la escritura, mientras que después debió empezar a tener en cuenta, además de la voluntad de las partes, el cumplimiento de las obligaciones fiscales que fueron cada vez más complejas”.

En Rojas tuvo la posibilidad de ser titular del Registro del Automotor, circunstancia que todavía mantiene ya que se jubiló como escribano, pero continúa como jefe de la dependencia rojense.

Más música

A pesar del poco tiempo que le dejaba libre su actividad como escribano y jefe del Registro del Automotor, Oscar trató de mantenerse activo dentro de la música. Y siempre siguió tocando. Acá, en Rojas y también en otros lugares.

“Nunca lo abandoné, nunca tuve un período largo sin tocar”, remarca.

Y su manera de expresarse artísticamente siempre fue el tango: “Mis manos se hicieron tangueras en aquellos años y yo siempre quedé aprisionado ahí. Además es una música que me apasiona, desde siempre. Es diferente a todas las demás, muy especial”.

Luego de una vasta trayectoria, Oscar se define como un pianista del tango clásico del 40: “Yo soy ‘troileano’, aunque también tengo alguna influencia de Pepe Basso, Carlos Figari y otros. En mi estilo hay también mucha inclinación hacia el baile y me gusta que la gente salga a bailar cuando yo toco. Aunque hago muchos tangos románticos, de las décadas del 40 y el 50. Cuando tocaba en Neo Tango estaba muy inclinado a Piazzola, pero después privó en mí lo que siempre tuve: una inclinación hacia ‘Pichuco’, Osvaldo Pugliese, Alfredo Gobbi, Horacio Salgán, Carlos di Sarli”.

En tal sentido, reconoce que “Junín ha dado pianistas muy buenos” y menciona como ejemplos a “Oreste Lapadula, Armando Álvarez, Alfredo Farías, y ni hablar de Héctor Raúl Bianco, que falleció la semana pasada, y además de tener una gran orquesta, fue un muy buen pianista”.

Si bien en algún momento intentó componer algunas piezas, señala que no pudo hacerlo porque lo que le salía “tenía más sabor a folclore: desarrollaba melodías que iban mejor en función de una zamba, que de un tango”.

En tanto, aunque nunca grabó de manera comercial y la única experiencia que había tenido al respecto fue la de una grabación en vivo que le hicieron cuando tocó en el Café Tortoni, de Buenos Aires, con Oreste Lapadula y Armando Álvarez, hace poco decidió que era momento de hacer algo y cuando cumplió 70 años, grabó algunos temas. No obstante, esa edición no fue comercial y solamente circula entre amigos y familiares.

Balance

Oscar sostiene que le gusta su profesión de escribano y que, al margen de esto, pudo desarrollar su hobby y su pasión, que es el tango.

Al momento de hacer un balance, Velilla no duda en mostrarse satisfecho: “Yo soy un agradecido de la vida. Mi señora me acompaña mucho y mi familia siempre estuvo cerca, aunque ninguno de mis cuatro hijos se inclinó por un instrumento. Y el tango me dio muchísimo, porque tengo otras pasiones, como el fútbol, por ejemplo, pero el deporte también te da sinsabores, en cambio lo que da el tango, es todo positivo”.

(Fuente: Diario Democracia)

 

 

 

 

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