La memoria de José Spacapan: transportista histórico

De raíces eslovenas fue el continuador de la empresa fundada por su padre, José. Comenzó en el Molino Tassara, primero haciendo tareas de la empresa y más adelante como chofer.

El 17 de noviembre de 2016 falleció el empresario transportista juninense, cuando contaba con 4 años de edad, José Hugo Spacapan.

Continuador de la empresa de transporte de cargas, que fuera fundada por su padre, en el año 1935, desarrolló la actividad en la misma, hasta hace pocos años atrás.

Nacido y criado en nuestra ciudad, cursó la educación primaria en la Escuela Nº 3 y luego en el Colegio Nacional, pero abandonó los estudios y comenzó a trabajar a los 16 años, porque según contara en una nota que le realizara este diario: “No me gustaba la escuela”.

En otra parte de la misma José destacó que, ”desde el principio, tuvieron una conducta de trabajo” que les posibilitó desarrollarse: “Prestamos un buen servicio, lo que nos permitió que, más allá de que hubo épocas mejores y otras peores, hayamos podido crecer”.

Ingresó a la empresa cuando ésta se encontraba ubicada en calle Chile. Manejó el camión hasta los 20 años, cuando debió hacer el servicio militar, pero luego, al regresar, su padre prefirió que se quedara en el depósito, que por entonces ya estaba en calle Alem.

“A mí siempre me gustó manejar el camión”, señaló al periodista.

De a poco, paso a paso, la firma fue creciendo, compraron un camión, luego otro.

“Compramos un camión con el chofer adentro”, soltó José, enigmático, y enseguida aclaró:

“Nosotros adquirimos un camión que solía manejar Enrique Foschiatti, así que lo mantuvimos como chofer y después, con el tiempo, terminó siendo socio de la empresa”.

En ese entonces solamente se hacía el recorrido entre Buenos Aires y Junín, pero después se fueron extendiendo. “Eran épocas muy benévolas, que nos permitían hacer cosas que hoy serían imposibles”.

“En los tiempos en que estaba la fábrica La Elvira, se llevaba hasta el puerto de Buenos Aires la manteca de exportación en los camiones abiertos, con lonas; hoy, con las exigencias que hay, no habría ninguna posibilidad de hacer algo así”.

Desde acá se transportaban muchas materias primas. Además de la harina, llevaban lana de las curtiembres, manteca, cueros, sebo, y en los 70, cuando abrió Argenlac, hubo un crecimiento muy importante. “Ahí teníamos que sacar, a veces, hasta tres camiones cargados de leche por día”, rememoró José.

Su empresa fue la primera de Junín en adquirir un semirremolque: “Me acuerdo que la gente se asombraba cuando lo veía, porque era algo muy grande “.

“A mí siempre me gustó trabajar y a veces he tenido que renegar un poco”, dijo en otra parte de la nota y agregó: “Tuve buenos choferes, como Lucero, Foschiatti, Sosa, gente que cuidaba los camiones como si fueran propios. Una vez, mi mujer cargó una planta en Bariloche y la trajo hasta acá, y el chofer después la retó, porque decía que el camión no era para ensuciarlo con esas cosas. Por ahí no dejaban que otros les manejaran los camiones, eran espectaculares”.

En otros párrafos dijo: “Nunca nos faltó el trabajo y la gente siempre quedó conforme, eso es lo principal. Se tuvo una línea de respeto y de cumplimiento para con el cliente. Tenemos una trayectoria en la que la palabra se respetó, nosotros siempre cumplimos y aún hoy lo seguimos haciendo, porque cuando hay roturas o inconvenientes, se responde. Es un nombre que está respaldado por tantos años de trabajo”.

Justamente, Spacapan es un nombre que se ganó un lugar importante dentro de la historia comercial de la ciudad, lo que significa “un orgullo”, para los propietarios. Y no sólo en Junín: “También estamos contentos porque Spacapan es conocido en Buenos Aires. Muchas veces, cuando compramos algo en un comercio porteño, al mencionar nuestro apellido, nos dicen que nos conocen o que trabajan con nosotros, y eso no es poco”.

Con todo, a la hora de hacer un balance de sus 64 años dentro de la empresa, José Spacapan se mostró satisfecho: “Estoy contento porque hice algo que me gustaba y por suerte esto sigue en la familia. Es un orgullo muy grande que ahí sigan mis nietos”.

Unido en matrimonio con la Sra. Evelia Inés Duarte, sus tres hijos varones Juan José, Andrés Hugo y Gustavo Pablo recibieron de ellos enseñanzas basadas en el deber, respeto y la cultura del trabajo.

Disfrutó hasta sus últimos momentos de su vida de la alegría de sus nietos y demás familiares.

La empresa continúa en la actualidad bajo la dirección de sus hijos, siendo un orgullo para nuestra ciudad.

(Fuente: Diario Democracia)

 

 

 

 

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