#Evita100años : 17 de octubre de 1945 Eva Duarte en Junín

Desde San Nicolás se dirigió a nuestra ciudad. Cómo fue ese día en la realidad juninense. La toma de la seccional de la Unión Ferroviaria por más de mil trabajadores del riel locales, molestos con la conducción gremial. La activa militancia comunista juninense en contra del coronel Perón. En la foto, Juan Domingo Perón visitando la Escuela Técnica de Oficios (luego Colegio Industrial y actualmente EET Nº 1) en 1944. A su lado, el director Emilio Ragazzo.

 

Casi sobre la medianoche del martes 16, Eva acompañada por el abogado y amigo de Perón, el doctor Román Subiza, se trasladó desde San Nicolás a Junín, distante unos 152 kilómetros desplazándose por la actual ruta nacional 188.

En Buenos Aires, el comité central confederal de la CGT tras debatir a convocatoria al cese de actividad total para el jueves siguiente -que triunfó en reñida votación- emitía la declaración final sin mencionar a Perón.

En la isla Martín García los médicos civiles Nicolás Romano, José Tobías y el capitán Mazza que habían ido a comprobar el estado de salud del coronel, más dos oficiales, uno de marina y otro de la policía federal, realizaban los aprestos para embarcarse en lancha hacia Puerto Nuevo, ante una fuerte marejada.

Acaso ambos lejos estaban de imaginarse el desenlace de los hechos que signarían aquella jornada histórica que advenía. 

En Junín residía casi toda la familia de Eva.

Doña Juana Ibarguren había logrado cierto ascenso social desde aquel día de agosto de 1930 cuando arribara con sus hijos.

Blanca era vicedirectora de la Escuela Normal y estaba casada con el jurisconsulto Justo Lucas Alvarez Rodríguez (*) que ejercía en esos momentos el departamento ejecutivo de la comuna. Blanca, en los primeros días de octubre, había sufrido un repentino ataque que hizo temer por su vida.

Elisa, la otra hermana de Eva, era esposa de un militar retirado, el mayor J.L. Arrieta. El lunes 15 había renunciado a su función de comisionado municipal para colaborar estrechamente con el grupo más allegado a Perón.

Estaba también con Juancito, el hermano por el cual guardaba un particular afecto, y que no dejó de acompañarla en aquellas horas difíciles.

Eva aún guardaba los gratos momentos vividos a principios de julio, cuando Erminda, su otra hermana a la que llamaban familiarmente “Chicha” se casó con Orlando Oscar Bertolini. El civil, en Junín, por iglesia en Luján,. Estaban radicados en la Capital Federal.

ESE 17, EN JUNIN

La ciudad ese miércoles amaneció calma, se podía gozar de la tranquilidad propia del interior bonaerense que Eva había experimentado en su niñez.

La novedad surgía del sector laboral más representativo en esos momentos. Un grupo de trabajadores ferroviarios seguidores de Perón, apenas había perturbado la cotidiana normalidad, pretendiendo hacerse cargo de la conducción local del gremio.

Sus principales referentes eran Roberto Polastrelli, D. Mango, Raúl Rodríguez, Laguzzi, Gabriel Parra, B. Dimarco, Tobares, S. Palacio, entre otros. El día 17 a las 19 desde la comisión directiva nacional Luis T. Echave comunicó telefónicamente al secretario general de la seccional Samuel Tonarelli la adhesión al paro. Dos horas más tarde deliberaban algunos miembros de la comisión ejecutiva y de la comisión central de reclamos de talleres. Al día siguiente a las 7, más de mil obreros ferroviarios producían el abrupto ingreso a la sede sindical, donde ante la presencia policial fue labrada un acta por el escribano Ismael O. Voda.

Uno de sus más conspicuos dirigentes, Pontieri, estaba en el máximo nivel de conducción cegetista. A decir verdad, los delegados del riel estaban remisos todavía a acudir a la huelga. Esperaban ser consultados; no admitían que se desconociera su autoridad. Era el resultado de la activa militancia gremial de socialistas y comunistas en la base, obviamente opositoras al régimen de facto.

Por otra parte presionaba el interés patronal: las líneas estaban en manos extranjeras. Además la Unión Ferroviaria que era en los hechos una de las más poderosas y lideraba el movimiento obrero nacional estaba dispuesta a encontrar una solución de compromiso con los sectores dominantes del ejército a los efectos de proteger las conquistas sociales alcanzadas.

Esta actitud dirigencial generó cierto malestar entre los trabajadores juninenses que aún tenían muy presente la visita que el coronel Perón con Mercante habían realizado poco tiempo atrás. No ocultaban su rechazo a un confinamiento que interpretaban como un golpe dirigido contra los propios obreros.

Paralelamente se manifiesta en Junín la ofensiva opositora para contribuir al definitivo desplazamiento del coronel Perón. Los más interesados eran los comunistas, alegando que la cúpula gobernante era adicta al fascismo.

La prensa local medianamente refleja esa problemática. El diario “La Verdad” matutino dirigido en ese momento por Martín Guibelalde (h) había hablado en su editorial del 12 de “Libertad de agremiación”, Esa misma jornada, una manifestación nutrida por elementos comunistas -según el mismo diario- había recorrido las calles Rivadavia, Arias, Sáenz Peña y José C. Paz (actual Remedios de Escalada) encabezada por jóvenes que enarbolaban banderas argentinas y voceaban estribillos hóstiles a Perón. Frente al número 37 de José C. Paz -expresa la crónica- los manifestantes se vieron interceptados por un grupo de personas adictas al coronel, a los que se les llamaba peronistas y se produjo un conato, tomándose los contendientes a golpes de puño.

Tres días más tarde se exhortaba a la “serenidad en los espíritus”.

La conducción gremial esgrimía el argumento de la oportunidad política para una medida de fuerza drástica. La táctica era evidentemente dilatoria, tal vez seducida por el discurso gubernamental de que Perón no estaba detenido sino resguardado para su propia salud.

De hecho la resolución principista declarando el paro de actividades por 24 horas para el jueves 18, sería francamente superada por la movilización popular espontánea del 17. Es que era el momento de la acción y los dirigentes nolo habían entendido así.

Muchos trabajadores ferroviarios en casi todas las seccionales abandonaron sus puestos, pese a la advertencia severa de los gerentes ingleses. La línea del Buenos Aires al Pacífico en la que Junín era un enclave importante, no escapó a ello. Si bien pocos rehusaron a ingresar a los talleres, muchos los abandonaron en la mañana.

Una excepción fueron las oficinas de la calle Newbery. En otros sectores del trabajo, como en el comercio y el campo, la actividad fue normal.

En la foto,  el Policlínico Ferroviario a fines de la década de 1940. Su construcción comenzó el 15 de octubre de 1944, con la presencia del entonces vicepresidente Juan Domingo Perón. Sería oficialmente inaugurado en abril de 1949.











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