Malvinas: El relato de los soldados del G.A. 10 prisioneros de guerra

“La pingüinera”. El vuelo hacia Comodoro Rivadavia. El estado de los heridos. Testimonios de los veteranos Omar Daniel Dalbon, Juan lucero y Adrián Polo contenido en un libro editado por el Grupo de Artillería 10.

/(Fuente: Así Combatimos, libro editado por el Grupo de Artillería 10, 2012, Ediciones de las Tres Lagunas)

Tras el cierre del conflicto de la Guerra de Malvinas, luego del 14 de junio, siguió otra odisea para los soldados argentinos. El regreso a la Patria. Ya en calidad de prisioneros. Y entre ellos se encuentran los soldados del Grupo de Artillería 10 (por aquel entonces Grupo de Artillería 101).

El Veterano de Geurra, suboficial principal del G.A. 10 Omar Daniel Dalboni, quien con el grado de cabo había combatido en el Regimiento de Artillería 8 de Comodoro Rivadavia, cuenta su experiencia:

“Estaba en la cola para subir al Camberra cuando escuchamos que algunos debían quedarse para realizar tareas de limpieza. Así que escucho el cásico: “El más moderno conmigo!”. Ese era yo. No pudimos subir

Eramos dos oficiales, el entonces capitán Godoy y el teniente primero Kalicinski, dos suboficiales y 31 soldados del regimiento. Nos quedamos en el puerto mirando como partía el buque.

Esa primera tarde no hicimos nada. No veìamos militares argentinos solo ingleses y kelpers. No parecía como que nos hubiesen dejado para limpiar el lugar. Más tarde nos embarcan a todos en un helicóptero Chinook y nos llevan a Puerto San Carlos. Allí nos encontramos con otros prisioneros de guerra argentinos, la mayoría oficiales de las tres fuerzas y de distinta jerarquía. El lugar de detención lo llamaríamos “La pingüinera”, que era en realidad un frigorífico abandonado que curiosa y peligrosamente tenía una bomba de aviación de 500 libras (250 kg) sin explotar….Por suerte siguió en ese estado durante durante toda nuestra permanencia en el lugar”.

VETERANOS DE MALVINAS DEL G.A. 101 DURANTE UNO DE LOS ENCUENTROS REALIZADOS EN NUESTRA CIUDAD

LA SUERTE DE LOS HERIDOS

JUAN LUCERO: Durante la madrugada del 13 de junio son evacuados por vía aérea los soldado del Grupo de Artillería 101 Polo y Lucero,. El avuión Hércules hace una escala en Río Gallegos, donde personal médico efectúa una revista, administra medicamentos y comida a los heridos y continúan en vuelo hacia Comodoro Rivadavia. Allí sería internado Lucero. En ese hospital y dado lo serio de sus lesiones, debió ser operado en nueve ocasiones.

Luego vendría el traslado al Hospital Militar de Campo de Mayo donde es operado una vez más. De allí iría al Hospital Militar Central donde sería intervenido dos veces más- Una idea de la gravedad de las heridas de Lucero lo da el hecho de que, tras todas las operaciones que se le practicaron, permaneció internado en la sala de terapia intensiva del Hospital por cuatro largos meses, hasta que el 18 de noviembre de 1982 es pasado a una sala comun.

Aproximándose las fiestas de fin de año y en un gesto digno de valorar, las autoridades municipales de Trnque Lauquen, realizan las gestiones y se hacen cargo de este joven soldado retirándolo de dicho nosocomio y trasladándolo a su ciudad natal donde compartirá las fiestas de Navidad y Año Nuevo junto a su familia.

Regresa a Comodoro Rivadavia el 11 de enero de 1983, Llegarían luego nueve intervenciones quirúrgicas y permanecería allí hasta el 13 de mayo, oportunidad en que es dado definitivamente de alta.

ADRIAN POLO: Una vez en Comodoro Rivadavia, Adrián Polo es internado en el Hospital regional de esa ciudad. Allí permanece dos días antes de ser nuevamente evacuado al Hospital Naval de Puerto Belgrano y de allí al Hospital Regional Bahía Blanca. En este último estuvo doce días internado y recuerda:

“Recuerdo la gente que venía todos los días a visitarnos y nos traía regalos y comida. Teníamos la alegría de estar vivos, mezclado con la tristeza de nuestros muertos, con la angustia de la derrota y ese sentimiento de fracaso que aún no ha cambiado a tráves de tantos años.

La gente era maravillosa. Todos iban allí para ayudar. Una enfermera me compró una radio para que pudiera escuchar. Lo que se veía sin embargo, era malo, personas sin piernas, pie de trinchera.

Ahi fue donde recibí la visita de mi viejo y lo vi por primera vez. mi mamá no pudo venir porque estaba internada en Pergamino con pulmonía. Fue tremendo ese encuentro con mi viejo. mis padres nunca supieron que yo estuve en Malvinas. Yo cuando crucé a las islas tenía la opción de avisar, de hecho cuando estábamos en el sur yo me comunicaba siempre con mi familia; se imaginaron que había cruzado porque dejé de comunicarme. Yo les pedí, me acuerdo, a los quedaron en el sur que nunca les dijeran la verdad. Yo sabía que no lo iban a hacer porque no había información para la familia, pero… ¿qué le iba a decir yo a mis padres? ¿Qué iba a la guerra? Los mataba asì que yo jamás me comuniqué con ellos para eso.

Fue un encuentro muy emotivo, llegó por el sólo presentimiento que tienen las madres. Es más, mi viejo le decía a mi viejo que yo estaba en la guerra “porque nos dejó de hablar”. Ellos llamaban al sur y nadie les decía nada, no tenían referencia. Entonces ella se dio cuenta que yo estaba en Malvinas.

Yo le dejé a un compañero, Carlos Beneite, que quedó en el continente, un banderín con un escrito para mi viejo, que si no volvía, él era el encargado de entregárselo. la alegría de la vida quiso que cuando yo retorné a Buenos Aires, al año apareció en mi casa con el banderín para que sea yo quien se lo regale a mi viejo. A los pocos años perdí a mi mamá así que son cosas que no se olvidan nunca más”.

Repuesto de las heridas más graves, el soldado Polo es trasladado al CARI, un centro de rehabilitación en Campo de Mayo, donde permaneció por varios días y al respecto dice:

“En Campo de Mayo no hacía nada…Estábamos en una cuadra bien atendido, en el CARI, nos trataron muy bien. Me parece que hubo apoyo psicológico. Tuve charlas con algunos psicólogos en un parque”.

(CARI: Centro de Asistencia y recuperación Integral)

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