#Evita100años : Eva en la antesala del 17 de octubre

Cómo fue gestando la masiva manifestación de apoyo a Perón en la Plaza de Mayo y que terminó en su liberación. Sus miedos y preocupación. El ataque sufrido el martes 16 de octubre de 1945 en la puerta de la facultad de Derecho por estudiantes.

Detenido en “Ostende” y confinado a Martín García, Eva también sufre la separación de Perón. No sabe con certeza adónde lo llevan ni cuál será el fin. Duda. Tiene miedo. Esta sola. Es consciente de que puede correr la misma suerte.

Por la mañana se anoticia de que el capitán Héctor Russo -ex director de delegaciones regionales en la Secretaría de Trabajo y Previsión- era nuevamente arrestado. Cuando Perón presentó la renuncia, había recuperado a las pocas horas, la libertad lo que le permitió comunicar la novedad sobre la destino de su jefe a todas las provincias.

En aquellas horas de impotencia e incertidumbre tuvo recriminaciones para con referentes obreros que fueron al departamento de calle Posadas.

Fue llamada por la secretaría de la Presidencia de la Nación donde se la invitó a no ocuparse de política y volver a la actividad artística.

Los Mercante, por su parte, recorrìan el Gran Buenos Aires relatando la detención y convenciendo a algunos dirigentes de que era necesaria una reacción urgente. Pasado el mediodía, el teniente coronel amigo de la pareja recibió la orden de Avalos de presentarse detenido en la Escuela de Caballería de Campo de Mayo. Al anochecer quedaría incomunicado hasta el 17. Eso agravaba la situación de Eva que, de por sí, era casi desesperante, inconsolable.

Al quedar sola en su departamento, como medida preventiva se le sugirió entonces alojarse en casa de algunos amigos. Estuvo en el domicilio de la actriz Pierina Dealessi (foto de la derecha). (VER BIOGRAFIA).

“En octubre del 45 Evita estuvo escondida en mi casa. Creía que habían matado a Perón y tenía miedo que la mataran a ella”, relató Pierina. En otro testimonio dijo: “Ya estaba frecuentando mi casa desde mediados de mes. Pierina, puedo pasar. Me preguntó un día tímidamente. Vos siempre tenés las puertas abiertas en esta casa, le contesté. Y seguidamente me contó lo de Perón. Temblaba. No sabía si lo habían matado o si estaba preso. Me dijo que a ella también la habían amenazado. Venía todos los días a dormir. Durante el día desaparecía”.

Recibió información de cómo se encontraba su amado. También la carta que Mazza le había entregado a un chofer de Mercante y que un entrerriano de apellido Soulé había retenido para darla a militares antiperonistas. Es posible que esta consecuencia haya sido prevista por Perón.

¿Qué hacía? Contactarse con los más conocidos. Sus familiares, Juancito, Erminda, Arrieta y Bertolini; también Guillermo Silveyra Casares, Oscar Uriondo, Román Subiza y unos pocos dirigentes obreros. “Cuando encanaron a Perón, Eva se portó”, según el gremialista Mariano Tedesco.

“Teníamos con ella varias reuniones. A horas y en lugares insólitos. A veces se reunía con uno de nosotros y más tarde, en otra zona de Buenos Aires con otro grupo de compañeros del gremio.

“El 13 de octubre, por ejemplo, nos encontramos con Eva en la Cervecería “Adam” en plaza Retiro. Era muy tarde, cerca de las doce de la noche. Recuerdo que no aceptó los cigarrillos que le ofrecían y que tampoco quiso comer nada. Sólo se tomó varias tazas de té. Estábamos Farías, Rovito (un amigo de Mercante) y yo que representaba ante ella a la Asociación Obrera Textil.

“Cuando ella nos preguntó sobre el apoyo que los trabajadores podìamos brindarle a Perón, comenzamos a barajar nombres de compañeros, dirigentes de otros gremios.

“El dìa 14 de octubre nos encontramos con Evita en el Parque 3 de Febrero y mientras hablábamos -era la hora de la siesta- dábamos vueltas metidos en un Buick negro. Ella insistía en visitar a los trabajadores, incluso en sus lugares de trabajo. Eva estaba muy combatiente aunque por momentos se deprimía, dudando de todo. Muchas veces los deprimidos eramos nosotros y ella nos daba ánimo. No tenemos que confiar sólo en los dirigentes, nos decía una y otra vez esa noche, mientras cenábamos en un restaurante de la calle Esmeralda al 400”

A Eva le fue denegado el requerimiento que formuló para acompañar al coronel en la isla, por lo que trató que el asesor general de los ferroviarios y ex interventor federal de la provincia de Buenos Aires, Dr. Juan Atilio Bramuglia, presentase un nuevo recurso de habeas corpus. No aceptó, temiendo que expulsarán a Perón del país. Eva no olvido esta negativa, que le era incomprensible en esa circunstancia.

Mientras el capitán médico hacía gestiones al más alto nivel para obtener el regreso del coronel el juez federal Dr. Horacio Fox desestimó un pedido de habeas corpus elevado por Enrique Badesich, en favor de Perón. “Crítica” le da titulares catástrofe. Era el día 15 y se desvanecían las esperanzas por vía judicial. Lo cierto es que el mismo Perón dudaba aceca de los recursos legales que lo asistían.

En carta a Mercante del día 13, le dice: “Le encargo que arreglen con Subiza para plantear mi caso en forma legal, pues yo no he cometido delito alguno ni militar ni civil. Si estoy a disposición del Poder Ejecutivo, tengo el mismo derecho de los demás para acogerme a la ley. Sería interesante que me informara cuál es mi situación pues aún no sé de qué se trata”.

“El deber del coronel -diría años después el General Avalos- era presentarse a recibir órdenes en el Ministerio que yo había asumido después de su renuncia. La mejor táctica a emplear con él era esperar que transcurriera el tiempo reglamentario para su presentación y luego darlo de baja del Ejército. Su detención y traslado a Martín García.

EN SAN NICOLAS, ANTES ATACADA EN LA PUERTA DE LA FACULTAD DE DERECHO

Martes 16. En sus idas y venidas realizadas en el automóvil que le prestó su amiga

Conchita Piquer, una vez más sale al Gran Buenos Aires. “Esa tarde, Eva llegó a Valentín Alsina para reunir a los dirigentes gremiales y pedirles ayuda. Quería que movilizaran a su gente para exigir la libertad de Perón, preso en la isla Martín García. Todo salió bien y así me gané su confianza”, cuenta Manuel Quindimil, quien fuera luego varias veces intendente de Lanús (VER BIOGRAFIA) (foto de la izquierda)

Eva, horas después, al tomar un taxímetro, tuvo la poca fortuna de que cuando se aprestaba a salir de Buenos Aires, y después dirigirse hacia San Nicolás, un chofer antiperonista la denunciase a estudiantes que estaban en la puerta de la vieja Facultad de Derecho, en calle Las Heras, quienes la golpearon. Las consecuencias en cierto modo le fueron providenciales, porque los hematomas a causa de los golpes recibidos en el rostro, hicieron que la policía -al intentar repetir su salida- no la reconociese. Un incidente desdichado sobre el que se hizo escasos comentarios.

El relato fue hecho por Eva al profesor Vicente Sierra hacia 1948, según le fuera transmitido a Felix Luna.

También menciona el suceso la misma Eva Perón en “La razón de mi vida”: “La cobardía de los hombres que pudieron hacer algo y no hicieron, lavándose las manos como Pilatos, me dolió más que los bárbaros puñetazos que me dieron cuando un grupo de cobardes me denunció gritando: “Esa es Evita”. Estos golpes, en cambio, me hicieron bien”.

Producido el arribo a la ciudad del litoral paranaense, Eva se alojó de inmediato en la propiedad rural del abogado Subiza. Allí en circunstancias muy adversas para su vida, definiría sus próximos pasos. Sabía que Perón podía ser liberado.

Quedaba atrás la calma que Buenos Aires vivió entre el sábado y el lunes, a pesar de la renuncia de la Corte Electoral, de las nerviosas reuniones de la Mesa directiva radical en el edificio de calle Tucumán y la de los zafreros con Cipriano Reyes, en Berisso, más combativos.

La defenestración de Perón, la reacción antimilitarista y antiobrera sumada a la reaparición de algunas figuras vinculadas al más rancio conservadurismo, estaban fecundando ocultamente la reacción de los sectores obreros. La FOTIA como la cabeza de un gran iceberg, declaró la huelga en toda la provincia de Tucumán y la noche de ese mismo lunes se sumó Rosario.

Esto no fue percibido en los círculos opositores, tampoco en el reducido elenco gubernamental. Es que Avalos estaba preocupado en desmontar al aparato peronista. Farrell, por su parte, atendiendo a los informes médicos accede al pedido de Perón e instruye insistentemente al ministerio de Marina para que disponga el traslado a Buenos Aires.

Sabattini, no viendo claro el panorama se negó a “prestar” sus correligionarios dejando al ministro de Guerra sin respaldo político. El radicalismo se había pronunciado por la entrega del gobierno a la Corte, como antes lo había hecho la Junta de Coordinación Democrática. Como contrapartida la defensa del coronel que había reconocido los derechos y la dignidad, era un imperativo para quienes la palabra libertad tenía un significado distinto de la que daba los líderes de los partidos tradicionales.

El 16 se producen paros parciales también en Córdoba, Avellaneda, La Boca, Berisso, Ensenada, Lanús. La Matanza, San Martín y Remedios de Escalada. Dos mil obreros que desde las 18 se habían concentrado en la Plaza de Mayo fueron dispersados con gases lacrimógenos.


Aún distante de las bases se reunía el comité central confederal de la CGT con el solo objeto de tratar la decisión adoptada ad referendum por la comisión administrativa de ir a la huelga. Silverio Pontieri, secretario general de la entidad, busca conciliar posiciones para evitar una virtual fractura. Es que el movimiento obrero se encontraba organizacional y tácticamente fragmentado y la central de trabajadores no era aún el organismo unitario y representativo que seria más tarde.

(Fuente: Evita, casamiento en Junín de Héctor Daniel Vargas y Roberto Dimarco, 1995). 

 


 

 

 

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